Desconcierto general

A veces me pregunto si la infinidad de opiniones que cada día nos llegan sobre el covid provienen de gente que sabe lo que dice o hablan de oídas. Es tal el “batiburrillo” que rodea al tema que uno duda si hacer caso o apagar y prescindir de los medios de masas por los que nos llegan tantas opiniones muchas veces contradictorias. Además, en este cúmulo de opiniones entran las organizaciones públicas, los politicos y algunos que se dicen entendidos en el tema y que hablan como inapelables dueños de la verdad. Mientras tanto, el personal sin saber a qué quedarse, viviendo en medio de la zozobra, la incertidumbre y la perplejidad. ¡Esperpéntica situación la actual!

Quisiéramos ver a la clase politica centrada en el problema en vez de pugnar, como niños de patio de colegio, para tratar de quedarse con la esfera mágica a la que le pedirán soluciones que, por lo que se colige, tardan en llegar. Es incomprensible la lucha en Madrid mientras ciudadanos siguen muriendo y los hospitales se van llenando de día en día. Las opiniones diferentes entre la Comunidad madrileña y el Gobierno rozan la tragicomedia como si a lo que van es al protagonismo.

De seguir con estas irreconciliables posturas, España se hunde de día en día. Veremos a dónde llegan los autónomos y cómo siguen adelante abriendo sus puertas los empresarios. La cosa es muy grave, con actitudes realmente desconcertantes. De un plumazo habría que eliminar a la práctica totalidad de los politicos actuales, dejando paso a gente con sentido común que sepa dirigir a buen puerto la cosa pública. Estamos en la época del “tú más” y así nos luce el pelo.

Pero hay un ingrediente más que hay que tener muy presente y se trata de la responsabilidad de todos y cada uno. Lejos en la distancia, pero muy cerca en el corazón, lamentamos lo que está pasando en Ourense. Tremenda realidad que en muchos de casos llegan a esta situación por la “alegría” con la que algunos celebran reuniones totalmente prohibidas y que, mirando para otro lado, se celebran sin sopesar las gravísimas consecuencias. Y en esto una buena parte de la juventud tiene su ineludible responsabilidad. Por eso, bien venidas sean las estrictas vigilancias y las multas que se están poniendo así como los controles y registros.

Algunos siguen tomando a broma las normas tan necesarias en este caso. Como si el problema fuese de los otros cuando absolutamente todos estamos llamados a ese “sentidiño” del que ya hemos hablado aquí hace tiempo. Esto por lo que se ve sigue creciendo y seguirá hasta que nos toque a nosotros. Siguen los facultativos y todo el personal que trabaja en los centros sanitarios poniendo todo de su parte, pero tristemente acabaremos con ellos de seguir algunos sin tomar buena cuenta de lo que se trata. Las vacunas llegarán en su día pero es toda la humanidad la que está en vilo y muy difícil que el medicamento llegue a todos los rincones del planeta. Nos están llegando tal cúmulo de noticias sobre las graves consecuencias de esta pandemia que desde la clase politica hasta el último ciudadano necesitan atención. 

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