Tres tamices

Sócrates (Grecia, 470-399 a.C.) fue el filósofo clásico griego considerado como uno de los más grandes, tanto de la filosofía occidental como de la universal. Fue maestro de Platón, quien a su vez tuvo a Aristóteles como discípulo, siendo estos tres los representantes fundamentales de la filosofía griega y universal. Pues Sócrates, frente a quienes andan con chismes expone “tres tamices“ fundamentales ante un amigo que fue a decirle: “¿Sabes lo que acabo de oír?” Muy sabiamente el filósofo le respondió contundente con tres celebres respuestas: en primer lugar, antes de contar cualquier cosa procura saber si es verdad. Ese para Sócrates era el primer tamiz: decir la verdad. “¿Has comprobado que es verdad?”, le dijo. El segundo es la bondad: “¿Lo que quieres decirme sobre mi amigo es bueno? ¿Quieres contarme cosas malas sin estar seguro de ellas?”. Y el tercero: “¿Es útil que yo sepa lo que me vas a decir de mi amigo?” Y la conclusión socrática es impresionante: “Lo que ibas a contarme ni es cierto ni bueno ni útil”. Sin lugar a dudas los chismes lo único que consiguen es darnos malos ratos y problemas.

El tema está relacionado con la corrección fraterna de la que hablaba la liturgia católica hace dos domingos que ni siempre se sabe utilizar. Sobran críticas malsanas, chismes y bulos que minan la paz social. Decía el papa Francisco: “El diablo es el gran murmurador, que siempre va diciendo cosas feas de los demás; la murmuración es una peste peor que el covid. La corrección fraterna es ir al hermano con discreción, no para juzgarlo, sino para ayudarlo a darse cuenta de lo que ha hecho. El diablo es el padre de la mentira”. 

Si observamos en nuestra sociedad, muchos de los problemas nacen precisamente en “elementos” que lejos de ayudar a la paz la entorpecen y destruyen la convivencia a todos los niveles. Baste ver rupturas matrimoniales, descalabros políticos y falta de entendimiento entre las instituciones. Porque muchas veces, esas llamadas “mesas de diálogo” parten de posturas preconcebidas y así son imposibles los pactos y la concordia en la buena marcha de la sociedad. Baste mirar ciertos discursos en los parlamentos nacionales en los que se discuten temas nada interesantes para la mayoría del pueblo y siempre en búsqueda del desprestigio del que piensa distinto. Ni que decir de la caída en picado del concepto de política con estos antecedentes lamentables. Es la realidad. Y ahora, en esta pandemia creíamos que las cuarentenas y el peligro sanitario habían servido para moderar y templar ánimos pero vemos que la cosa siguen igual o incluso peor.

Nunca me olvido de mi querido obispo Temiño, que ayer hizo 29 años de su fallecimiento.

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