Acotaciones

** Cuando en sus tiempos monclovitas se le preguntaba sobre eventuales reformas constitucionales, Mariano Rajoy solía tener una respuesta muy parecida: reforma, sí, pero cómo y para qué; con qué gran propósito y objetivo. El otro día, sin embargo, en el gran acto de arranque de la campaña oficial para el 12-J, en la plaza de toros de Pontevedra, le faltó hacer similar reflexión.

                Ya adelantó él mismo que sabía muy bien cuál era allí su papel y prácticamente actuó como telonero. Pero dejó dicho aquello tan tópico como que “todos tenemos que dar la batalla contra la crisis”. Todos unidos, sí, pero cómo y para qué. Porque las alternativas a manejar pueden ser  muy distintas y distantes.

                “Unidad, unidad, unidad”, tripite Pedro Sánchez en los mítines de estos días. Pero para él, ya se sabe: unidad es decirle sí a todo; a cambio de nada si del Partido Popular se trata. La unidad es él. Y quien no está con él, está contra España. Confundir el Estado con el Gobierno es un mal síntoma. El presidente no quiere acuerdos; quiere adhesiones. No busca el diálogo, sino el asentimiento a su monólogo. Exige sumisión.

Lo ponían  de relieve unas recientes “anotaciones” de la Fundación Faes. Si el martes 23 pasado la rueda de prensa de la ministro portavoz, María Jesús Montero, fue un rosario de descalificaciones contra el PP, utilizando sin el menor rubor la tribuna institucional de Moncloa, la sesión de control parlamentario del día siguiente volvió a mostrar la imagen de un presidente del Gobierno provocador que parece buscar que los eventuales acuerdos sean imposibles.

Tácticamente de vez en cuando  hace un gesto de buena voluntad. Quiere tener al PP marginado, pero a mano. Porque cuando la legislatura peligre con irse a pique, sabe que el Partido Popular sería su último seguro y vendría en su auxilio. Pablo Casado se lo ha recordado varias veces: “en muchas ocasiones hemos sido más fieles y leales que los  propios socios”. Y así ha sido.

**Abstención récord, triunfo de las fuerzas ecologistas en grandes ciudades y fracaso de las candidaturas del presidente Macron han marcado la segunda vuelta de las elecciones municipales francesas celebradas el domingo y aplazadas desde el 22 de marzo por la crisis de la pandemia. La participación ha rondado un raquítico 40 por ciento. En la anteriores de hace cinco años la participación fue del 63.5 por ciento.

La distancia entre la primera y segunda ronda, la ausencia de mítines y otras  cavilaciones en la mente de los votantes como el virus, la recesión económica o las vacaciones inminentes, pueden explicar el dato. Pero no habrá que descartar las varias e incómodas precauciones  que el elector debía observar para depositar su voto.

Y es que los tiempos postcoronavirus, y  en especial en medio del temor a los rebrotes, pueden no resultar los mejores para celebrar elecciones. Incluso por muy favorables que parezcan a la vista de unos sondeos generadores de excesos de confianza.  Aviso, pues,  a navegantes.

** Pocas veces la distancia –política- entre el partido y su candidato de referencia habrá sido tan rotunda  como la que está ofreciendo Feijóo en la campaña para su reelección a la presidencia de la Xunta. Ya se desmarcó sin contemplaciones ante las pretensiones de Génova de ir en coalición o lista única con Ciudadanos. Y en otras cuestiones sus apartamientos han sido frecuentes.

 Ahora,  el importante despliegue de carteles que estos días cubre la convocatoria del 12-J está siendo en exceso personalista. Ni un mal y escondido vuelo en los mismos de la gaviota, marca gráfica del partido que le sustenta y sirve de trampolín. Esperemos que los mensajes cambien. Pero de continuar así en el tiempo que falta, más de uno estará tentado de con razón sospechar que  Feijóo se lo estará pagando todo de su bolsillo.

** Después del confinamiento. ¿Cómo han salido los españoles del mismo? ¿Cuál es su estado de ánimo? ¿Cuáles son sus expectativas y proyectos inmediatos para intentar olvidar las largas semanas de movilidad restringida que, al decir del presidente Sánchez, han sido las más duras y salvíficas del mundo mundial? La postura no es, lógicamente, única, pero parece guardar cierta relación o paralelismo con la posición ideológica de los consultados.

                Así, el barómetro especial del CIS, de junio,  sobre la crisis del coronavirus señala, por ejemplo, que los votantes conservadores son los más refractarios a la hipótesis de nuevos confinamientos derivados de rebrotes de la epidemia. En concreto, uno de cada cinco votantes del PP y uno de cada cuatro de Vox aseguran que no podrían “sobrellevar” nuevos periodos de encierro en sus casas. Y tampoco lo aguantarían  uno de cada diez votantes de Ciudadanos.

                En cambio, entre los electores del PSOE o de Podemos la expectativa de nuevas prórrogas del estado de alarma que obligasen a seguir manteniendo el encierro doméstico apenas provoca inquietud: menos del 5 por ciento de ellos confiesa que no lo aguantaría, mientras que el 50 asegura que no tendría mayor problema.

Sobre los efectos en la economía y el empleo los votantes conservadores son más pesimistas que el resto del arco parlamentario. El elector de izquierdas está más preocupado por los efectos sobre la salud. Y entre éstos,  los de Podemos marcan el porcentaje menos intranquilo, aunque sin negar –eso sí- la gravedad de la situación.

** Desvelaba hace unos días el ministro Ábalos que si hubiera sido por Feijóo no hubiese habido estado de alarma ni confinamiento; que en todas las reuniones el presidente gallego  se había mostrado muy en contra de las limitaciones,  hasta el punto de haberse apresurado a levantar el estado de alarma. En realidad, nuestra comunidad fue la primera que lo hizo y en el arranque de la campaña electoral de ello ha presumido el aspirante a renovar mandato en la Xunta.

                Como todo el Gobierno, mucha credibilidad no tiene el titular de Transportes y secretario de Organización del Partido Socialista. Pero frente a la tesis dominante de que el confinamiento había sido y era la medida más eficaz contra la propagación de la pandemia, cierto es que varios informes académicos solventes lo cuestionan.

                Por una parte, un estudio de la Universidad de Berkeley ha cruzado datos y concluido que en Estados Unidos las medidas de  distancia social habían reducido los contactos interpersonales un 50 por ciento, mientras que las disposiciones  estrictas de confinamiento sólo habían recortado un 5 por ciento tales interrelaciones.

                Casi al tiempo, el célebre MIT (Massachusetts Institute of Technology)  ha comparado las distintas estrategias observadas a nivel norteamericano e internacional y deducido que se habrían salvado el doble de vidas con un coste mucho más bajo si las reglas de contención observadas se hubiesen concentrado simplemente en proteger a los grupos de población más vulnerables, en esencia, los mayores de sesenta años.

** Larga y alfombrada entrevista al presidente del Gobierno, el domingo en La Vanguardia. Dale que te doy contra el Partido Popular. Y ni una sola pregunta sobre las manifestaciones feministas del 8-M y su incidencia en  la no contención a tiempo de la pandemia. Parece que no existieron.

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