Crisol de virtudes

No vi en directo y desde el comienzo la entrevista a Pedro Sánchez del lunes pasado en TVE. Pero cuando en los últimos compases de la misma conecté con Prado del Rey, me topé de buenas a primeras con una gran mentira: el pasaje en que el presidente afirmaba que en el acuerdo con Podemos y en el punto referido a la reforma laboral se establecía el compromiso de derogar sólo los aspectos “más lesivos” de la reforma laboral.

Y no era verdad, porque el documento firmado de su puño y letra por el propio Sánchez y Pablo Iglesias dice sin medias tintas ni reservas: “Derogaremos la reforma laboral. Recuperaremos los derechos laborales arrebatados por la reforma de 2012”, que es la tesis que mantiene la titular de Trabajo, la podemita Yolanda Díaz

Mal empieza a cumplirse, pues, el solemne propósito presidencial, de comienzo de mandato:  trabajar con su socio de coalición “en la misma dirección; con varias voces, pero una misma palabra”. Pues, de momento, la adversativa gramatical va a ser que no.

Algún día después y escuchada la entrevista en su integridad, pude comprobar que toda ella estaba  impregnada de una falsedad de fondo; de la imagen de un presidente crisol de virtudes, rodeado de maldades de una derecha que no asume los resultados electorales, “amiga de la bronca sistemática” cuando gobierna la izquierda y que bloquea todo lo que haga falta. Maniqueísmo puro.

Dudo que tales exabruptos puedan ser  compatibles con esos sus supuestos deseos de un Gobierno de diálogo y consenso, como el  que se apresta a presidir. Ni con el imprescindible talante de acuerdo para la renovación pendiente de altas instituciones.  

Tiempo llevan Sánchez y sus entornos políticos demonizando al Partido Popular siempre que pueden. Y así seguirá siendo. Porque la espina dorsal de su discurso público será la de “vender” los eventuales logros económicos y los paseos internacionales para luego cargar, cuando llegue la ocasión contra PP y  derecha en general a raíz de controversias ideológicas, en las que tan de maravilla se manejan él, su partido y sus nutridas terminales mediáticas.  Aquí sí que habrá una única palabra.

En estas circunstancias el papel de la oposición y muy en especial del PP no será pequeño ni fácil. Fuego incluso amigo no le faltará. De cara al Gobierno, siempre será sujeto agente de crispación. Haga lo que haga. Se lo recordaba el ex José María Aznar a través de la reciente nota editorial de FAES: “Toda labor eficaz de oposición será tachada de crispadora.

A los más altos dirigentes populares les incumbiría, no obstante, entrar menos al trapo de los micrófonos callejeros, no incidir en contradicciones, ofrecer todo un proyecto coherente y confrontable al de la izquierda, mantenerse en mensajes propios más que en las réplicas puntuales a provocados acosos externos. Y tener una misma palabra, como para su Gobierno dijo pretender Sánchez. Porque en más de una ocasión hay en el PP tantas voces y palabra como barones. Es decir, demasiada algarabía.

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