Acotaciones

** Resulta admirable la facilidad con que los medios entran al trapo en determinados asuntos.  Unos por devoción y otros porque no les  queda más remedio  a la vista del panorama. Lo digo por la ventolera interesada promovida  por el Gobierno a propósito del célebre “pin parental” que en la comunidad de Murcia lleva varios meses funcionando sin aparentes mayores problemas.

                De hecho, todos los grandes diarios nacionales de interés general y no pocos regionales de relieve hicieron hueco el sábado en portada a la polémica. Algunos, desbocados; otros, en menor medida.  Información, editoriales, entrevistas, columnas, opiniones de expertos. Un aluvión de páginas a ello dedicadas.  Y nada digamos de las tertulias audiovisuales.

                Bajo tan pomposa denominación, de lo que en lo sustancial  se trata es  de una autorización escrita de los padres para  que los hijos puedan no asistir en el colegio a determinadas actividades  no curriculares,  talleres. tertulias o charletas impartidas en horario lectivo obligatorio por personas en ocasiones ajenas al sistema educativo  y, en especial,  sobre cuestiones que comprometerían el derecho constitucional   (artículo 27.3) a que los muchachos reciban una educación religiosa y moral acorde con sus propias convicciones. ¿Es mucho pedir?

                Por si todo fuera poco, las ministras de Educación y  de Igualdad  han venido una vez más a embarrar el terreno con afirmaciones grotescas, como  que “de ninguna manera debemos pensar que los hijos pertenecen a los padres” (Isabel Celaá) y que el célebre pin es “elemento claro de machismo” (Irene Montero).

¿De quién son los hijos, pues? ¿Del director del centro o de la APA de turno,  que son quienes establecen o promueven tales actividades? ¿Del Gobierno, que  a través de una ley de bases podría diluir la libertad ideológica? ¿Del Estado, en definitiva?

                A decir verdad, la rueda de prensa del viernes con ambas ministras y la nueva portavoz en el centro de la tribuna se la podrían haber ahorrado por lo que a grandes acuerdos ministeriales se refiere. Fue más que nada la presentación conjunta ante los medios del  bipartito llegado a Moncloa: “no hay ministros y ministros; todos somos uno”.

Y sobre todo fue una comparecencia estratégica para desviar el foco  político y mediático del impresentable nombramiento de Dolores Delgado como fiscal general. ¿Por qué, si no, ahora sale a relucir el viejo pin parental?  Una operación, en definitiva, interesada y de parte,  a la que los medios han entrado, como digo, con notorio seguidismo.

** Pablo Iglesias y compañeros mártires deben ser conscientes de que salvo cuando hablen en Vistalegre y escenarios similares, todo lo que digan y hagan llevará la impronta de su condición de miembros del Gobierno. La reprimenda que la Permanente del Consejo General del Poder Judicial ha echado por unanimidad al secretario general del partido  ha sido para nota. Más que nada porque sus afirmaciones en el sentido de que la Justicia española  había  resultado  humillada por la Justicia europea, no se corresponden con la verdad.

                En realidad, en relación con los hechos acaecidos en Cataluña en el otoño de hace un par de años sólo existen dos pronunciamientos de tales Tribunales y los dan han venido a dar la razón a los planteamientos españoles. De hecho, Junqueras sigue inhabilitado como eurodiputado y en prisión. Y si algunos de los condenados y encarcelados van a salir unas horas para declarar ante  una vieja e inútil comisión de investigación (aplicación del 155; octubre 2017) en el Parlamento regional, se debe a la anomalía de que en aquella comunidad la administración de  cárceles y  permisos puedan estar en manos de compañeros políticos de los presos. Vivir para ver.

** Años llevan los independentistas catalanes autoaplaudiéndose y celebrando victorias pírricas y coyunturales. Pero hay un sabio dicho o refrán según el cual “quien ríe el último, ríe mejor y dos veces”. Convendría, pues,  que antes o después repararan en ello, porque por mucho que prediquen la desjudialización de la política y que el multitudinario Gobierno de la nación esté con ellos, hay actuaciones judiciales ineludibles e imparables. Tardan, pero llegan. Y de momento no les pitan nada bien.

** Se ha recordado estos días cómo el entonces y hoy presidente de la Sala de lo penal del Supremo, Manuel Marchena, renunció a la posibilidad de ser propuesto  fiscal general  cuando corrió el célebre whatsApp de que el Gobierno del PP podría manejar la Fiscalía por otras vías. En aras de la imagen de autonomía e independencia que debe acompañar a la institución, esa pura conjetura en las redes sociales le indujo a dar un paso atrás.

Muchos se han preguntado ahora con razón  si no podría seguir el ejemplo la supersospechosa Dolores Delgado, cuya apariencia indeseable de vinculación con el Ejecutivo es clara y manifiesta. No caerá –supongo- esa breva, a pesar de la superioridad ética de que presumen Pedro Sánchez, ella, su partido y la izquierda en general. Por cierto: los barones socialistas siguen sin abrir la boca. Ni mú.

** No se entiende cómo un profesional con tan escaso bagaje y predicamento a sus espaldas como Iván Redondo pueda  haber ascendido tanto, en tan poco tiempo  y fuera de todo control público desde que Pedro Sánchez le llevó a su vera en Moncloa. Director de gabinete del presidente, acaba de hacer  demostración de sus nuevos poderes como superministro e incluso como supervicepresidente en la sombra. En carta dirigida al sindicato más representativo del sector,  ha explicado y justificado el retraso  en la prometida subida de sueldos a los funcionarios.

¿Y qué ha sido de la ministra de Función pública, que es quien en todo caso debería haberlo hecho?  Mucho me temo que a este paso a la teórica titular de la cartera, Carolina Darias, le vayan flaqueando los ánimos con que desde su Canarias natal llegó a Madrid. Por lo que hemos visto, ha sido la ministra que ha exteriorizado mayores contentos con las altas responsabilidades adquiridas. Irá, no obstante, percatándose  que,  en política, la capital del reino no son las islas afortunadas. Y con Sánchez a los mandos, todavía menos.

** Perdidos  en comunidades autónomas y corporaciones locales,  no han trascendido como debieran  los  muchos disparates, despropósitos o patochadas de Podemos.  Pero ahora, llegados que han a las moquetas del poder central, su presencia pública será más frecuente, notoria y visible. Nos esperan días de gloria. Y de bochorno.

Es necesarios estar conectado para escribir un comentario Conectar