Rajoy: una España mejor

Hasta bien entrado el libro el lector interesado no verá satisfecha su eventual curiosidad por comprobar hasta qué punto, en su “Una España mejor”, Mariano Rajoy hace alguna autocrítica de sus casi cuatro décadas de vida política y, en especial, de sus seis años largos como presidente del Gobierno de la nación.

                Y no la hace hasta repasar un episodio menor en relación con lo que habría más tarde de llegar: las turbulentas jornadas de Cataluña con ocasión del pseudorreferéndum de noviembre de 2014, de las que dice que si ahora pudiera cambiar algo de su conducta de entonces, hubiese hecho desde el principio una pedagogía más intensa explicando la  verdad de aquel simulacro.

                Con esta su reconsideración, Rajoy pone sin pretenderlo el dedo en la llaga de lo que fue su gran déficit en toda su tarea política: a mi juicio, no supo “vender” ante la opinión pública y mediática las dificultades del momento en que accedía a la Moncloa, en medio de una terrible crisis económica que se había llevado por delante al Gobierno de Rodríguez Zapatero y que muy bien podía hacer lo propio con el que él mismo se aprestaba a presidir.

Déficit público desbocado y ocultado por sus predecesores incluso en el traspaso mismo de poderes,  aumento espectacular del paro, descrédito de nuestro país en los mercados internacionales, saneamiento financiero, desconfianza por parte de las instituciones comunitarias, rescate a la vuelta de la esquina a cargo de la célebre troika…  No en vano la economía ocupa una parte muy sustancial del libro.

En definitiva, muchas, complejas y hasta novedosas (aplicación del 155) fueron las situaciones harto problemáticas a las que hubo de enfrentarse. Y debiéndolo hacer además con las ineludibles urgencias y apremios de las grandes reformas que cada momento requería.

Convincente en los debates parlamentarios, se encerró demasiado –creo- en el trabajo de despacho y no supieron, en efecto, ni él ni sus equipos de Gobierno practicar la reiterativa lluvia fina informativa que a medio plazo tan eficaz resulta.

Sin dogmatismos, el ex presidente ofrece en el libro la versión personal de lo por él vivido y ante él sucedido. Sin chismes ni dardos políticos o personales. Como él mismo confiesa, no hay el menor atisbo de resentimiento o la tentación de establecer ajustes de cuentas con el pasado y mucho menos con las personas.

 De lectura fácil,  de poder ser consideradas Memorias las 380 páginas del libro, habría que decir que serían buenistas en exceso. Hasta disculpa a Zapatero cuando en noviembre de 2003 anunció  su aquella “malhadada promesa” de apoyar la reforma del Estatuto de Cataluña que saliera del Parlamento regional.  Con el PNV se manifiesta si no dolido, sí decepcionado. Con el nacionalismo catalán se muestra firme en lo que no podía ceder.

Rajoy da fe de las lecciones políticas que con el paso de los años fue asimilando y  deja constancia al hilo de los acontecimientos de los grandes ejes  teóricos y prácticos de su actuación, así como de toda una serie de reflexiones generales de interés. De estas últimas me quedaría con la defensa que hace de la dignidad de la política.

Pródigo en agradecimientos, muestra alergia a revelar nombres propios. Y se despide con la idea de que en las grandes cuestiones los tiempos le han ido dando la razón y con la convencida sensación de haber dejado a España “mucho mejor” de la que encontró. De ahí el título del libro.

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