En España, rotos los parámetros de la Teoría Política y del Estado

Debemos a David Easton una sencilla explicación para que la gente sencilla comprenda que es la vida política, que él sitúa dentro de un sistema de “conducta o comportamiento”, basado en el análisis y la reflexión. Pero llegó el doctor Pedro Sánchez a decirnos que el comportamiento no se rige por una pauta, sino que, en menos de una semana, se puede cambiar de tal modo que lo que ayer le sacaba el sueño, como una pesadilla, se convierte en parte esencial de su propio ser político, base de sus actos y sentido de su conducta. Así sin más. El comportamiento se rige por la regla de lo variables y no se asienta, como vemos en su caso, en la reflexión y la congruencia. La regla es “depende”. Sánchez, doctor y politólogo reconocido, deja pequeña Maquiavelo. 
Lo esencial de la doctrina de Sánchez es el puro verbalismo, sin contenido, apoyado o colgado de una etiqueta de valor interpretable, en este caso, “el progresismo”. Y ahí se queda. Sin tener un programa elaborado, y sobre una especia de abrazo sentimental con el mismo al que unos días atrás consideraba su pesadilla como parte de su gobierno, el Doctor Sánchez permite que su consocio, ayer detestado, exija y negocie ministerios, vicepresidencias, cuotas de poder, al margen obviamente de las necesidades y conveniencias de otorgar a quien esa cuota del reparto sobre la mesa del Estado mismo.  Y todo esto, acompañado de esa escena dantesca de poner al gobierno posible de la nación en manos de la decisión final de quienes quieren destruirla como tal, quienes colocan sobre el tapete de los tahúres, condiciones imposibles, como son en este caso la amnistía a los sediciosos y el referéndum de una parte del vecindario del Estado para decidir el futuro del Estado mismo. 
Hemos visto las reacciones de júbilo del ex consejero de Exteriores de la Generalitat Raül Romeva, condenado a doce años de prisión por sedición, que cree que el preacuerdo entre PSOE y Unidas Podemos «es una oportunidad para el independentismo» y ha añadido que el PSOE debe aceptar las condiciones que se le imponen: libertad de los políticos presos, amnistía, por tanto, diálogo de igual a igual entre gobiernos y referéndum de independencia Y por si queda dudas, el exconsejero de Exteriores ha apuntado que «la consolidación de la República catalana», que considera «irreversible» e inevitable, » Y, por si fuera poco, hasta el secretario general de la organización del PSOE en Cataluña, Miguel Iceta, echa a la timba su cuarto de espadas y pone sobre el tapete que el PSC pedirá reconocer Cataluña como una nación y España como un país plurinacional. en el congreso que se celebrará entre el 13 y el 15 de diciembre. Y obviamente, eso exigirá la reforma de la Constitución, asunto éste que por lo visto se considera superable.
Sánchez cuenta una masa de militantes del que fuera partido socialista, ayer de acuerdo con sus pesadillas, y ahora volcados a favor de su pacto con el entonces detestado Iglesias, compañero de viaje perfecto, que también bendicen personajes como Zapatero o el multimillonario Bono. La escasa base crítica dentro del PSOE está, no obstante, reaccionando, aunque tarde. No obstante, como expresó nítidamente

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