Vuelta a empezar

Por qué. Es la lógica pregunta que en estos días le ha faltado a Pedro Sánchez autoformularse: por qué si después de haberlo intentado todo y de haber hecho todo lo imposible, como él mismo ha reiterado, se ha llegado a donde estamos; esto es, al fracaso de su segundo intento de investidura y a la víspera de la convocatoria formal de elecciones. Serán, como se sabe, las cuartas en algo menos de cuatro años, las segundas del 2019 en curso y las decimoquintas del nuevo tiempo democrático.

En tal situación lo normal y razonable es que uno mismo esboce cierta autocrítica y se plantee si él no habrá tenido alguna responsabilidad en el desastre. Pero no es el caso. Para el primero candidato y luego aspirante sin más Pedro Sánchez la culpa es toda y sólo de los demás. El victimismo de siempre.

Puro teatro. Porque visto el proceso desde una perspectiva temporal, Sánchez tiene hoy lo que buscó si no desde el minuto uno de la noche electoral del 28 de abril último, sí después de su fallida investidura de finales de julio: nuevas elecciones, consciente de que con 123 escaños muy lejos no podía ir en su íntimo deseo de gobernar en solitario y con plenos poderes.

De otra manera no se entiende su pasividad deliberada de los últimos meses; su esperar a ver cómo resultaban las autonómicas y locales y los pactos consiguientes; su retraso en someterse a la primera votación como candidato, que habría de marcar otros plazos constitucionales; su dejar correr el tiempo sin tomar la más mínima iniciativa sincera y viable para desbloquear la situación; su ir lanzando anzuelos sin cebo; su marear la perdiz en inútiles encuentros con distintos grupos sociales afines para aparentar como que hacía. Y eso que la sombra de Podemos lo tenía sin dormir.

Tiempo también tuvo para pasear su gentil figura por los foros internacionales y ocupando portadas periodísticas con cuidadas imágenes de estudio. Sondeos y encuestas internas le han ido reafirmando en el derrotero preferido. Bien se sabe que tenacidad y resistencia son sus principales armas políticas y que con ellas como motor ganó, casi desahuciado, las primarias del partido y consiguió más tarde la defenestración de Rajoy.

La verdad es que se le ha dejado hacer bastante. La presión política del resto del arco parlamentario ha sido débil, como si a todos los partidos, por unos u otros motivos, tampoco les viniera mal repetir elecciones. Y los grandes medios y agencias informativas se han limitado en general a recoger acríticos las boutades sin cuento esparcidas por Sánchez y su entorno político, que amén de repetitivas han constituido auténticas ofensas a la inteligencia y a los más elementales manuales del Derecho constitucional. Muchas veces me pregunto si se creen lo que tan campantes y sin despeinarse dicen.

¿El 10-N volverá a repetirse el panorama de finales de abril? Pablo Casado ha comentado y no sin razón que lo peor que `puede suceder es que en la nueva convocatoria electoral todo le salga gratis a Sánchez. Sea como fuere, lo probable es que entre unas cosas y otras hasta febrero/marzo del año que viene no haya Gobierno. Otro año perdido.

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