Verano azul

Para los que crecimos en los 80, las series de televisión son uno de nuestros mejores recuerdos. Por eso, desde que me enteré que se estaba reponiendo “Verano azul”, se me agolparon las ideas y los sentimientos llenos de nostalgia, sobre todo porque esta vez puedo ver las historias de Chanquete, Tito, Bea, Javi, Pancho, Piraña, Quique, Desi y Julia, a través de los ojos de mi hija (que tiene la misma edad que tenía yo cuando se estrenó), que cada día me acompaña para revivir juntos aquellos días de vacaciones de verano, en los que el tiempo se congelaba y los problemas no existían.

“Verano azul” es una de esas series míticas de TVE que se emitió desde el 11 de octubre de 1981 hasta el 14 de febrero de 1982. Para algunos es ñoña, lenta y rezuma moralina por todos sus planos, pero creo que significa algo más.

Para empezar la serie tenía cierto regusto progre que nos empujaba a pensarque las normas estaban para ser cuestionadas y que había que pelear por lo que se consideraba justo. Además por primera vez se hablaba de divorcio, de diversidad familiar, de maternidad en solitario, de especulación, de caciquismo, de la muerte, incluso del medio ambiente. Temas estos que empezaban a preocupar a la Sociedad y que Antonio Mercero, director de la serie, trataba de manera didáctica e interesada. 

La serie es una radiografía del momento, donde los padres conforman el reflejo de una sociedad vetusta herida de muerte, cuyos valores de autoridad y tradición insuflados en los años de dictadura estaban de salida y empezaban a coexistir con otros ávidos de cambio, libertad y empatía. Los niños, convertidos en un ente, representan el futuro, la libertad, la tolerancia y la justicia, y Chanquete y Julia, los dos únicos adultos distintos del resto, se erigen en defensores de lo que se podía considerar la modernidad. 

Llama la atención al espectador de aquella España que pasaba del blanco y negro al color, que apareciesen niños que decían tacos, emitían opiniones que resultaban impertinentes y usaban el lenguaje de la calle, lo que suscitóalgunas quejas y peticiones de censura por considerarlo inapropiado. Además, para más inri, también se hablaba de sexo. 

¡Cómo no iba a atraer ese contenido al público joven! Eso sí, los guionistas colaban de rondón moralejas en forma de visión maniquea de la vida. Oposición de buenos y malos; tradición frente a modernidad (los padres de los chicos vs. Chanquete, Julia); el orden contra el cambio (padres vs. los hijos); los mayores contra los pequeños, e incluso lo autóctono frente a lo externo. Sin embargo, la serie no ofrecía soluciones y se limitaba a plantear los interrogantes.

El verano es una metáfora de este tiempo inestable que, como toda aventuratocará a su fin y forzosamente dará paso a una nueva situación. El veraneo ha de terminar para que empiece algo nuevo, aunque no tengamos garantías acerca de lo que traerán consigo esos cambios y novedades.

Ver esta serie con mi hija, es un pretexto para volver con simpatía los ojos hacia un pasado no tan lejano y para revivir con mirada adulta, todo aquello que se escapaba a los ojos de un niño. Con todo, si algo me queda claro, es que cuando peinas canas te das cuenta de que la vida pasa en un suspiro y la nostalgia es una apuesta segura, porque olvida los malos recuerdos y magnifica los buenos. Por eso creo que estoy disfrutando tanto, y ¡cómo no!, termino silbando esa melodía inconfundible tan pegadiza.

Es necesarios estar conectado para escribir un comentario Conectar