Acotaciones

Acotaciones

** No es que no le guste Pablo Iglesias. En realidad nunca le ha hecho ascos. Baste recordar que durante el casi largo año de la moción de censura lo ha tenido, entre las funciones conocidas, como alto embajador y enlace en las cárceles con los golpistas catalanes. Y con él firmó solemnemente un proyecto de presupuestos generales que luego tumbaron los independentistas.

Lo que en verdad no les gusta ni a Pedro Sánchez ni al Partido Socialista son los gobiernos de coalición. Es decir, sentar en la mesa del Consejo de ministros, llámese como se llame, a alguien que no resulte de los suyos. Centrar la controversia en la figura del secretario general de Podemos y demonizarlo ahora cuando hasta hace bien poco trabajó como aliado de primera línea puede ser eficaz de cara a la opinión pública y publicada a la hora de salvar la cara y rentabilizar imagen y apoyos corporativos y mediáticos, porque conocidas son las desconfianzas que provoca por doquier. Pero razón tiene Pablo Echenique cuando contraargumenta con que un portazo a Iglesias viene a ser un desplante a todo el partido porque todos piensan y defienden las mismas posiciones.

** Veremos a ver cómo queda todo ello porque a la hora de escribir estas líneas estamos en la primerísima fase del procedimiento. Buenas pintas no tiene. Pero ahí quedarán un par de incógnitas. Una: cuáles han sido las claves para que en unas horas algo se haya movido en el bloqueo de meses. Pocos volantazos tan sorprendentes. Y dos: el porqué del retraso deliberado de Sánchez en iniciar negociaciones. ¿Para presionar luego con urgencias y prisas? ¿Para desgastar primero a Pablo Iglesias hasta el punto de declararlo “principal escollo”? Incluso socios tan entusiastas del acuerdo como PNV y Compromís se han quejado de la incomprensible falta de contactos.

** A quienes la formación de un eventual Gobierno PSOE-Podemos no les seduce en absoluto es a las empresas, que insisten en que resulta muy importante que el futuro Ejecutivo de Sánchez no deje en manos del partido de Iglesias los Ministerios económicos, considerados clave para mantener el ritmo de crecimiento. Si así no fuera, ello tendría –alegan- un impacto negativo para la actividad económica, la confianza empresarial, la inversión exterior y la imagen del país. Además, se aplicarían fuertes subidas de impuestos, que golpearían directamente a la clase media. Casi nada.

** Trece son las fuerzas políticas que tomarán estos días la palabra en el Congreso, las que emitan su voto, las que resuelvan o tal vez compliquen aún más el enredo. Trece, aunque algunas de ellas son coaliciones oportunistas de fuerzas más o menos minoritarias que, por sí solas, jamás podrían haber ocupado un escaño. En realidad, ocho sólo representan intereses regionales y sólo al diez por ciento de los ciudadanos que en las últimas elecciones depositaron su voto en las urnas.

** ¿Tan pocos pueden decidir tanto? ¿Es normal que un solo diputado o concejal pueda determinar el sentido global, a derecha o izquierda, de toda una acción de gobierno para cuatro años? Tal vez habría que pedir un mínimo de representatividad para poder participar en los pactos postelectorales, al igual o similar al que se exige para el reparto de escaños. Bien podría ser éste uno de los muchos desajustes del sistema político electoral que han aflorado y que habría que reconsiderar con calma a lo largo de la legislatura.

** Se ha mimetizado tanto con su jefe de filas, Albert Rivera, que está perdiendo el encanto político que tenía. Lo digo por Inés Arrimadas, portavoz nacional de Ciudadanos, que no pierde ocasión para reivindicar a su partido como el líder de la oposición. Debe ser de una consigna de los fontaneros de imagen.

Ya metida en demagogias, ha proclamado también que Cs es “un partido de gobierno, que sabe gobernar”. ¿Pero dónde gobierna”, se habrán preguntado muchos. Porque cuando pudo hacerlo o al menos haberlo intentado como en las autonómicas catalanas de finales de 2017, ni siquiera hizo acto de presencia. Es más: en las últimas locales sobre un total de algo más de ocho mil municipios sólo cosechó 150 triunfos y 2.789 concejales. Y en las autonómicas no ganó en ninguna comunidad, donde como mucho sólo cogobierna en alguna.

** Unidas Podemos es una coalición electoral registrada el año pasado por los partidos Podemos e Izquierda Unida como principales socios para concurrir a las generales últimas. Y si ya lo de “Unidas” es un absurdo lingüístico, lo de “coalición” no deja de ser un engaño. Porque bien se ha visto cómo en varias investiduras cada uno ha ido por su lado.

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