Bastón de mando

Javier García Sánchez

JAVIER GARCÍA SÁNCHEZ05/07/19

La política hace siempre extraños compañeros de viaje, pésimos acompañantes de iniciativas y desastrosos amantes de camas múltiples y revueltas en las que muchas veces los tríos se convierten en auténticos paradigmas de una situación que se llega a descontrolar .

Y todo ello motivado por el afán de levantar el bastón de mando del Concello o la Diputación como signo de ser la persona más importante en la institución, sin que cuando lo levante se dé cuenta, o no quiera darse, de los riesgos que comportan los raros compañeros de cama, infieles por naturaleza, que muchas veces hacen que las instituciones públicas se conviertan en auténticos camarotes de los hermanos Marx.

El ejemplo más claro de todo lo que les he comentado se ha dado en mi tierra natal, Ourense, donde dos rivales políticos, Manuel Baltar hijo, y Gonzalo Pérez Jácome, que se han dicho de todo menos bonitos a lo largo de los últimos ocho años para que ahora compartan poder-municipal y provincial- con  el bastón de mando que significa la auténtica aberración de que  los intereses personales siempre están por encima de los políticos, que deberían de ser los que primaran en aras de proteger y defender a los  electores, que son los que les otorgan la posibilidad de poder lanzar al aire, como si de una marioneta de trapo se tratase, el bastón de mando. Una vara que les concede la total impunidad para manejar esa política caciquil en la que no se premia el esfuerzo del trabajo realizado, o que se promete realizar, sino la posibilidad de manejar los votos entregados en las urnas que se presentan como arma arrojadiza y moneda de trueque para conseguir el objetivo final: seguir instalado en los mandos del poder para hacer de la política de ayuda y participación ciudadana su feudo o reino de taifas

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