Nueva economía

Nueva economía

Diversificarse o morir. Es la nueva lectura del clásico “renovarse o morir” que ha venido dominando el contexto económico y empresarial del mundo desarrollado. Lo permite la revolución digital propiciada por unas tecnologías que desde muy pocos años a esta parte han acelerado su velocidad de desarrollo a ritmo insospechado.

Para seguir creciendo y amarrar el futuro las grandes multinacionales se están viendo obligadas a abrazar nuevas líneas de negocio al margen de lo que hasta ahora mejor han sabido hacer. Ya fue así a comienzos del milenio en curso, aunque la posterior gran depresión económica mundial les obligó al repliegue. Los grupos tecnológicos, antes y ahora, han constituido la avanzadilla del proceso.

Sucede que la diversificación ya no es sólo de implantación territorial, fruto de la globalización. Ahora lo es sobre todo del propio negocio. En el nuevo tablero de juego, la última gran apuesta ha sido la mutación de Apple, una más que conocida corporación dedicada a la fabricación de ordenadores y teléfonos móviles que se propone dar el salto al mundo de los servicios y los contenidos televisivos.

No sólo venderá el soporte. También quiere distribuir sus propias producciones (series de ficción y documentales) y lanzar una oferta de acceso a videojuegos y de suscripción a noticias con la colaboración de grandes cabeceras de diarios y revistas. Un plan ambicioso, cuya guinda es la puesta en circulación de una tarjeta de crédito propia.

Con su plataforma de video a la carta Apple TV Plus, la tecnológica aspira a poner patas arriba la televisión convencional. Teme –y con razón- que por saturación del mercado sus ventas de móviles no sean suficientes para sostener la compañía. Y no quiere, por tanto, que le suceda como a la fotográfica Kodak, que no supo ver que su negocio se agotaba, como así ha sido: los 13.000 millones de dólares largos que facturaba en 2003, no llegan en la actualidad a los 1.600.

En la misma línea habrá que situar otra reciente macrooperación: la compra por Disney de la mayoría de los activos de entretenimiento de la poderosa 21st Century Fox (21 CF) por 71.300 millones de dólares (63.000 millones de euros) para alimentar su servicio de streaming Disney Plus. Estará disponible en Estados Unidos a finales de año y llegará a Europa en la primera mitad de 2020.

Y lo hará a un precio de 6,99 dólares mensuales (unos 6 euros), inferior al que maneja su más fuerte competidor: la superproductora y superdistribuidora Netflix. Sin olvidar, por supuesto, a la propia Apple +, Amazon Prime Video o Warner Media. Debutará con un enorme catálogo de películas y series televisivas y con contenido nuevo y exclusivo. Confía en que en 2024 el servicio será rentable.

La también novedad del momento es lo que podríamos llamar el efecto contagio sobre otros grandes sectores económicos: las contaminantes petroleras abrazan las energías limpias; la Banca deja de manipular billetes y explota el mundo de los servicios, y las telefónicas hasta se atreven a dar préstamos personales. No pocas empresas van comprobando que lo que ha sido su negocio principal pierde relevancia cuando el mundo comienza a descansar en lo virtual.

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