El agujero negro del Universo

El consorcio internacional EHT (Event Horizon Telescope) ha anunciado algo que la comunidad científica lleva más de un siglo intentando: la prueba irrefutable que demuestra la existencia de los agujeros negros. En concreto se trata de una imagen de un evento supermasivo localizado a 55 millones de años luz, en la galaxia gigante Messier 87, situada en la constelación de Virgo. Aunque los agujeros negros no pueden ‘verse’ directamente, las imágenes del EHT muestran la radiación emitida por toda la materia que ha quedado atrapada en su campo gravitatorio.

El descubrimiento supone la confirmación definitiva de la existencia de los agujeros negros, una estrella colapsada con tal densidad que ni siquiera la luz del sol podía penetrar en su interior. su existencia ya se por la teoría de la relatividad general de Albert Einstein, que, sin embargo, consideraba que su existencia era algo demasiado absurdo para ser real.

“Hemos tomado la primera imagen de un agujero negro”, aseguraba emocionado el director del EHT, Sheperd S. Doeleman, del Centro de Astrofísica de Harvard & Smithsonian (Estados Unidos), en una rueda de prensa celebrada en Washington, un acontecimiento que calificaba como ‘un hecho histórico’ obtenido gracias al esfuerzo colectivo de más de 200 investigadores.

“Cuando se encuentra inmerso en una región brillante, como un disco de gas incandescente, esperamos que un agujero negro genere una región oscura similar a la de una sombra, algo ya predicho por la relatividad general de Einstein que nunca habíamos visto hasta ahora”, ha explicado el director del consejo científico del EHT, Heino Falcke, de la Universidad de Radboud (Países Bajos). “Esta sombra, causada por la curvatura gravitacional y la absorción de luz por el horizonte de sucesos, revela mucho sobre la naturaleza de esos fascinantes objetos y nos ha permitido medir la colosal masa del agujero negro de la galaxia M87” explicaba.

Hasta ahora, la presencia de agujeros negros había sido confirmada de forma indirecta, como la presencia de ondas gravitacionales. Einstein demostró hace un siglo que la masa de las estrellas, los planetas y el resto de la materia ejerce una fuerza gravitatoria que curva el espacio como si fuese una lámina de goma. Sería como la forma que queda en un colchón después de que alguien haya pasado algunas horas encima. Cuanto más masivo es el objeto, más pronunciado es el efecto. Estas ondas son perturbaciones gravitatorias causadas por una alteración de la distribución de masas en el espacio-tiempo. Los científicos del Observatorio de Interferometría Láser de Ondas Gravitacionales (LIGO por sus siglas en inglés) obtuvieron el Premio Nobel de física en 2017 por la detección de las ondas gravitacionales, un indicativo de la presencia de agujeros negros, pero hasta la fecha ningún astrónomo había sido capaz aportar una prueba directa de su existencia.

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