Los héroes de la viruela

El siglo XVIII fue el de las grandes expediciones científicas españolas que recorrieron todos los confines del imperio renovando la botánica, la ingeniería, la medicina o las técnicas de navegación. La ilustración fue de esas épocas de cambios, pero, sobre todo, el gran siglo de la Ciencia y de las aventuras increíbles. Una de las más originales fue sin duda la llamada Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, que pretendía llevar a América la cura contra la viruela, una enfermedad con la capacidad no sólo de parar el mundo, sino de destruirlo, ya que personas, ciudades e imperios podían ser devorados por un simple virus que mataba cada año a 400.000 personas sólo en el Viejo Continente.

Ya en los albores del siglo XIX, este fue realmente el último de los grandes viajes ilustrados impulsados por los borbones, a los que el director del proyecto, el militar y cirujano Francisco Xavier de Balmis y Berenguer, convenció con el argumento de «la viruela llegó a ultramar en nuestros barcos, y en nuestros barcos debe llegar la solución».

La llamada Expedición Balmis partió de A Coruña el 30 de noviembre de 1803 en la corbeta María Pita, el mismo día en que, al otro lado del Atlántico, nuestra bandera era arriada de las fortalezas de Luisiana y el territorio regresaba a manos de Francia. Estaba integrada por dos cirujanos, cinco médicos, tres enfermeros y veintidós niños expósitos, de los cuales, Juan Antonio, Jacinto, Gerónimo, Francisco Florencio y Juan Francisco habían salido de la inclusa del antiguo Hospital real de santiago, hoy Hostal de los Reyes Católicos.

La expedición supuso realmente una hazaña científica y uno de los más nobles ejemplos de filantropía en los anales de la Historia. Fue un viaje por todo el continente americano que llegó a las Islas Filipinas, China y Japón. supuso siete años de peripecias, recorridos por selvas intransitables y cumbres andinas, en los que fue preciso transportar a los niños a hombros de indígenas, y en el que Balmis desarrolló un notable talento para la organización y para conseguir la colaboración de las instituciones civiles, militares y eclesiástica, a pesar de su resistencia inicial.

La viruela ha sido la única enfermedad erradicada como resultado de la acción del hombre, y hoy en día solo se conservan criogenizadas muestras en el Instituto Vector de Novosibirsk en Rusia y en el Centro de Control de Enfermedades de Atlanta en EE.UU. El hecho de que solo en la actualidad podríamos estar en disposición de acabar con otra, la poleo, a pesar de que se mantiene endémica en tres países, Nigeria, Afganistán y Pakistán, donde los conflictos armados y el fanatismo religioso dificultan la fluida y correcta inmunización, da cuenta de lo que supuso la expedición de la viruela.

Esta fue una de las mayores gestas sanitarias de la historia y acabó en el olvido, ya que ni en su época ni hoy en día, ha obtenido el reconocimiento merecido. Solo la gallega Isabel Zendal, responsable del cuidado de los niños que viajaron a américa, fue nombrada por la OMS «primera enfermera de la historia en misión internacional».

En España estamos más acostumbrados al fustigamiento que al reconocimiento pero si es verdad lo que dice el talmud «quien salva una vida salva a la humanidad entera» bien haríamos en presumir de hazaña y en pensar que si a lo largo de nuestra historia existen alguna sobra no es menos cierto que también hemos hecho muchas cosas de las que podemos sentirnos verdaderamente orgullosos.

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