Azul y rosa

Empie3za mal el año. Es la sensación con la que espero la venida de los Reyes Magos en la república de mi casa. Y me asaltan el recuerdo de Antístenes, fundador en el siglo IV de la Escuela Cínica, y el mal uso que se hace de la vida y obra de Diógenes de Sinope, el más conocido de los filósofos de aquella corriente de pensamiento griego.

Todo cuanto nos rodea en este comienzo de año se considera cinismo. ¡Pobre Antístenes, si levantara la cabeza! ¡Qué manera de deturpar su búsqueda de la felicidad sana y natural! El estado de infelicidad a que nos está conduciendo la vida pública, de Trump abajo, tiene muchos precedentes en la historia de la Humanidad, pero nunca pensáramos que en nuestra modernidad el preñado concepto de cinismo llegaría a ser el vehículo más usado y popular para conducirnos otra vez al acantilado del suicidio colectivo.

Toda acción pública semeja contaminada de cinismo (el definido como imprudente y obscenamente descarado). Parece cínico que la ministra de la Mujer, en el nuevo Gobierno de extrema derecha de Brasil, anuncie una insólita era en la que los niños vestirán de azul y las niñas de rosa, volviendo a poner género a los colores. Vuelven a uniformar a hombres y mujeres contra el progreso de la igualdad por boca de una señora, aparentemente culta y, según ella misma, “terriblemente” cristiana, creyente en los “designios de Dios” y decidida a “combatir el adoctrinamiento ideológico” (se refiere a quienes no piensan como ella). ¿Cinismo? ¿Choque entre realidad e intereses personales o partidarios? No vale la pena entretenerse en disquisiciones. El peligro ha llamado a nuestras puertas y le estamos dando cuartelillo democrático.

Cuando Obama llegó al poder en EE UU una ola de optimismo y esperanza se extendió por el planeta. Creímos en la posible humanización del capitalismo más allá de los designios de las bolsas de valores. Nos dejaron soñar y la equidad avanzó, hasta considerarse este comienzo de siglo como el de la gran revolución del feminismo y la igualdad. Ahora sabemos que fue un espejismo y comprobamos cómo la extrema derecha, económicamente bien pertrechada, siembra de Trumps esta parte de la civilización occidental. Y con ellos la desigualdad bajo el estandarte del cinismo.

De ahí que puedan parecernos simplemente cínicos el matrimonio de conveniencia de Pablo Casado con la extrema derecha de VOX y el regateo cómplice de Ciudadanos para ocupar el Gobierno de Andalucía. Pero no es cinismo, es ideología pura y dura. Casado airea los mismos argumentos, con frases trucadas, de la ministra brasileña. Se suma a las mismas tesis de sus antiguos compañeros de partido, quienes no tardarán en querer vestirnos de azul y rosa si triunfan.

En esta, mi mañana republicana, víspera de Reyes, pienso que Casado no es un cínico. No tiene categoría intelectual para ello, simplemente es un imprudente que está poniendo en peligro las corrientes liberales -quizás progresistas- del PP. El verdadero sentido de la derecha moderna, que tampoco C’s representa. Al unísono, vuelven a un clasismo casposo donde la ministra Damares Alves sueña con “niñas princesas y niños príncipes” en rosa y azul. Disney recogerá cosecha. Me temo que mi álbum ilustrado para escolares Vanesa no quiere ser princesa -afortunadamente tan leído- se expone a arder en la hoguera de la nueva Inquisición. He dicho.

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