La venda transparente

 

Desde su reconstrucción en los años veinte del siglo pasado el antiguo monasterio de la Visitación o de las Salesas Reales para doncellas nobles,  sede hoy del Tribunal Supremo, tiene coronada su fachada principal con tres figuras centrales que evocan la ley, la equidad y el derecho. A su lado, dos estatuas sedentes del derecho romano y del derecho civil completan el destacado grupo alegórico de tan ilustre y emblemático edificio.

Por lo que reseñan las enciclopedias y la experiencia personal de muchos de nosotros atestigua, cierto es que la Justicia –sobre todo del siglo XV para acá- ha sido y es a menudo representada como una dama erecta con los ojos vendados. La cinta o tira en cuestión así dispuesta simboliza  la convicción de que la Justicia deberá comportarse como ciega e imparcial y ser aplicada con objetividad, sin favoritismos, independientemente de la identidad, poder y dineros de los a ella sometidos.

El problema es que buena parte de la doctrina la quiere ver con la venda opaca reconvertida en transparente  o ligeramente levantada porque, a su juicio, quienes la imparten pueden hacer todo lo que está en la ley, sí, pero no pueden olvidar –y aquí está el quid del asunto- ni el entorno ni las consecuencias  extrajurídicas de sus decisiones.

Lo estamos comprobando estos días a propósito de la sentencia de la sección segunda de Sala de lo Contencioso del alto tribunal sobre quién debe pagar –el Banco y no los clientes- el impuesto de las hipotecas, así como del acuerdo de su suspensión momentánea ante su “enorme repercusión económica y social”, hasta que dentro de unos días, en el pleno de la Sala convocado al efecto, pueda sentar jurisprudencia con vistas al futuro.

No habrá que olvidar, con todo,  que se trata de una sentencia firme que no podrá ser revisada y que ha supuesto todo un vuelco a la doctrina  mantenida hasta ahora por el TS en sentido contrario sólo siete meses después de su última resolución. El revuelo no ha sido pequeño.

Tal vez se hayan magnificado  los supuestos efectos en la Banca.  Algunos han hablado de hasta un colapso al estilo del Lehman Brothers. Para alguna agencia de rating, sin embargo, el impacto sería “manejable” para el sector tanto en el caso de  hipotecas nuevas (700 millones anuales; el 8 por ciento del beneficio anual) como en el supuesto de que tuviera que responsabilizarse de los últimos cuatro años, que es el plazo de prescripción para la devolución de impuestos indebidamente cobrados: 2.300 millones.

Sea como fuere, sigue en el aire la pregunta de si, al margen de criterios jurídicos,  los Tribunales deben tener en cuenta consideraciones de muy otro ámbito, como las bajadas –coyunturales-  en los mercados o los ya ajustados márgenes del negocio financiero. Y es que esta especie de utilización alternativa del Derecho; de las togas de los jueces que no eluden el polvo del camino, como justificó el hoy magistrado del TC Conde-Pumpido, tiene un efecto perverso sobre los principios básicos de la certidumbre y a seguridad jurídica.

Más de uno no ha tardado en aplicar la tesis del “entorno y sus consecuencias” al caso de los golpistas  presos para “desinflamar” el esperpento catalán. Capitaneados por el Gobierno, están a la que salta.

Es necesarios estar conectado para escribir un comentario Conectar