Cien días de vértigo

El 24 de mayo, la sentencia del caso Gürtel provocó un terremoto político: el 2 de junio, Pedro Sánchez era elegido presidente y Mariano Rajoy abandonaba la Moncloa; el 11, la Audiencia Nacional confirmaba, mediante condena, la financiación ilegal de las campañas del PP valenciano; el 21 de julio, Pablo Casado era elegido secretario general del Partido Popular, y salían de la primera línea, nada menos que Soraya Sáenz de Santamaría y Dolores de Cospedal.

Todo, con vacaciones veraniegas por medio, lo cual no ha sido obstáculo para una intensa labor de un gabinete ministerial autoproclamado feminista, sacado en pocos días de la manga del nuevo presidente, en un golpe de efecto aún no digerido por sus opositores. La retirada del dictador del mausoleo del Valle de los Caídos ha sido la más reciente maniobra de desmontaje de la etapa anterior, entre las cuales cabe citar la vuelta a una sanidad pública universal, la dotación económica para el pacto contra la violencia de género, la revisión de la subida de las pensiones, o el cambio radical en la política migratoria que, solo semanas antes se decía que eran impensables por imposibles.

Alguien mentía entonces, es evidente. Eran impensables porque no entraban en los parámetros ideológicos de quienes tenían el gobierno y no solo no eran indeseables para la Unión Europea, sino más bien, todo lo contrario. La deuda país no se desbocó, Cataluña dejó de estar enstand by en la agenda presidencial y Puigdemont es la cola de lo que pudo ser un huracán que se llevase por delante a la España de las Autonomías.

Se demostró, además, que se puede ser ministro y dimitir. En cartera, más viviendas sociales, supresión del voto rogado en el exterior, reducción del IVA, subida del IRPF para las rentas más altas, nueva ley de dependencia, derogación de la reforma laboral, entre otras que requieren negociación para obtener mayoría parlamentaria, pero que siguen en la agenda.

Que se sepa, ni siquiera Ciudadanos querría ya una nueva convocatoria electoral antes de que se cumpla esta legislatura, y mucho menos el PP, sumido en su resurrección con innumerables casos de corrupción aún en los juzgados y su máximo líder incurso en el escándalo de moda: el currículo académico. Enfermedad que afecta también a su obligado compañero de viaje hacia la recuperación del poder, con situaciones que avergonzarían a cualquiera con un mínimo sentido del pudor. Un somero repaso a la hemeroteca nos traslada a otro país, porque en este, aquí y ahora, el principal problema parece radicar en el número de comillas de la tesis doctoral del presidente que estará pensando, a la cervantina manera, aquello de «ladran, luego cabalgamos». Algo importante ha pasado en los primeros cien días de gobierno que algunos titulares podrán opacar pero no destruir.

Ni siquiera Ciudadanos querría ya una nueva convocatoria electoral antes de que se cumpla esta legislatura

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