Casi nada

Casi nada está en su sitio es el título del nuevo disco de Víctor Manuel. Una frase lapidaria capaz de definir el fin de un tiempo o de augurar el comienzo de otro con absoluta precisión. La verdad es que, para las generaciones a las que pertenecemos gentes como el cantante o mi pandilla de amistades, todo parece haber mudado de lugar o desaparecido entre los remolinos vitales de la última década. Para las generaciones emergentes de poco más de treinta años, que ahora -como nosotros en su día- tocan poder y mando, notoriedad y responsabilidad, todo debe transformarse, dejar de parecerse a la película de antes de ayer. Y a ello van.

Es el cambio de ciclo y como nuestras melenas en nada se parecían a los sombreros de nuestros padres, ni la política ni la comunicación urgente de las redes de hoy en nada se asemejan a la reposada reflexión de los Parlamentos, periódicos, revistas y libros en los que nosotros queríamos fijar los testimonios de nuestro tiempo. De pronto todo lo cotidiano parece absolutamente efímero, ya no hay lugar para los profetas, el pasado no juega como ejemplo y, lo que es peor, el porvenir no tiene proyecto. Escribió Quevedo: “hoy ya es ayer y mañana no existe”. Quizás no nos hayamos movido del siglo XVII donde el poeta fue un lúcido analista de aquella sociedad pretendidamente de oro.

Tampoco sé si en esta encrucijada seguirá siendo válido el gatopardismo de Tomasi di Lampedusa, esa ciencia política que propugna “cambiar todo para que nada cambie”. Muchas mañanas, mientras voy a comprar los churros o el pan cotidiano, dudo de que más allá del impacto de las nuevas tecnologías ese trastrueque, al que hacen referencia las letras y la música de Víctor Manuel, sea algo esencial en la progresión de la historia humana o, simplemente, de la España de mi panadera.

Sin embargo, bajando a ras de tierra, choca ver y lo aceptamos cómo en Cataluña el Parlament, donde reside la representación del pueblo catalán, permanece cerrado mientras el presidente de la Generalitat abre el curso político en un teatro. También nos hemos acostumbrado a conocer las intenciones de los líderes y de los partidos políticos por medio de desayunos escenificados en hoteles de lujo. Y nos enteramos en tiempo real de las discusiones ideológicas, que nos conciernen a todos, mediante ínfimos mensajes en twitter. ¿Es ese el cambio o se trata simplemente del camión de la mudanza?

No acierto a calibrarlo, especialmente cuando temo a un tipo como Trump jugando en los escenarios del poder universal a escenificar un reality televisivo. O cuando calibro la escalada de la extrema derecha en la Europa que creíamos a salvo del fascismo. O cuando me desencanta la falta de coherencia ideológica de amplios sectores de la izquierda, cómodamente instalados bajo el pragmático sol de los poderes fácticos y de economía capitalista. O cuando la novela o el ensayo de éxito son simples productos comerciales y la película más taquillera sólo obedece a las leyes de los distribuidores… Y cuando algo o alguien rompen el techo y acaban procesados por algún tribunal de la inquisición sagradolaica. Sí, Víctor Manuel ha acertado con el título de su nuevo disco. El “casi” está preventivamente bien colocado.

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