Claustros femeninos

 

Sucedió ya el año pasado y ha vuelto a ocurrir en el presente y casi en la misma proporción: un 72 por ciento de los aprobados en las recientes oposiciones a los cuerpos de maestros y profesores convocadas por la Xunta son mujeres; en concreto,  algo más de siete de cada diez. Se ha tratado este año de una convocatoria de 2.050 plazas, tanto de ingreso libre como de promoción interna a las que se han presentado en torno a dieciséis mil aspirantes –ocho por plaza- y que se ha saldado con la adjudicación de un 84 por ciento de las mismas.

Han quedado vacantes 320 puestos, un 60 por ciento de ellos en el grupo de promoción interna, en el que sólo aprobaron 156 de los examinados. Fuentes oficiales señalan también que el 40 por ciento de las plazas de ingreso libre han sido ocupadas por interinos, ya que fueron 609 los que superaron la oposición.

Nuestra comunidad no es ajena así al general predominio de la mujer en los claustros escolares, especialmente en Primaria. Y es que en apenas treinta años la presencia del varón maestro en las aulas de estos pequeños se ha quedado en menos de la mitad: si en 1987 representaban un 42,13 por ciento, una década después eran el 36,6 por ciento; en 2004 pasaron a ser uno de cada cuatro (24,4 por ciento) y en 2016 se quedaron en un 18,9 por ciento (apenas uno de cada cinco).

La desproporción por sexos es aún mayor en los primeros años. Cuanto más pequeño es el niño, más posibilidades hay de que su docente sea una mujer. Hasta el extremo de que en la etapa de Infantil (hasta los seis años, con un segundo ciclo voluntario, pero también gratuito), el 97,6 por ciento de los educadores hace un par de cursos eran maestras.

Por el contrario, el número de docentes hombres, aunque siga estando en minoría,  aumenta con la mayor edad del alumno; esto es, en los claustros de los Institutos. En Secundaria representan un 39,7 por ciento del total del profesorado.

Muchas vueltas se están dando, en efecto, a la escasa presencia  femenina en las carreras STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, por sus siglas en inglés), pero pocas veces la situación se ha analizado desde las profesiones donde la presencia masculina es sensiblemente menor, cual sucede en las sanitarias y, sobre todo, en las educativas. Los chicos, en efecto, son rara avis en las Facultades de Magisterio.

Es lo que se ha llamado la feminización de la profesión docente. Y no sólo en nuestro país. En esta línea, la propia OCDE ha mostrado su preocupación por la asimetría entre sexos en los docentes en las aulas de los 42 Estados que la componen, en algunos de los cuales los maestros varones no llegan en Primaria al 10 por ciento. La precariedad de referencias masculinas entre el profesorado –entiende- puede estar perjudicando  a los chicos.

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