El pluralismo

Desde una perspectiva sociopolítica, la persona ha encontrado posibilidades más claras para su plena realización en las sociedades estructuradas participativamente, sea cual fuera el entorno histórico y geográfico.

Pero la ampliación de los horizontes para la realización libre y solidaria de las personas se ha producido de modo muy particular en las sociedades democráticas. Las sociedades democráticas son, deben ser al menos, fundamentalmente, esencialmente, sociedades plurales, hasta el punto de que un pluralismo disminuido o menoscabado puede ser interpretado como un síntoma de déficit democrático.

Esa maduración sociopolítica del ser humano se entiende entre dos negaciones, ambas correlativas a la falta de madurez social. Por una parte, me refiero a las sociedades tribales, que con la afirmación de la propia condición sociocultural pueden llegar a impedir o condicionar seriamente el desarrollo de la libertad personal y consecuentemente del pluralismo.

El otro caso es el de las formas diversas de autoritarismo, o mejor, de tiranía, que con el pretexto de establecer una organización social más desarrollada y perfeccionada, someten las peculiaridades y los intereses de individuos y grupos a los intereses de la organización misma.  Ambas expresiones de inmadurez social están más presentes entre nosotros de lo que pudiéramos imaginar.

 

Jaime Rodríguez-Arana es catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad de Santiago

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