RTVE: Fiat lux

Es uno de los primeros versículos del Génesis, el libro que, como bien se sabe, abre el Antiguo Testamento y relata los orígenes del mundo, del hombre y del pueblo de Israel: “Fiat lux. Et facta est lux”. El mandato de Dios se tradujo de inmediato en realidad: “Haya luz. Y hubo luz”.

He de confesar de entrada que el conocido pasaje del sagrado texto me ha venido estos días a la cabeza a raíz de la movida política habida con la elección del nuevo Consejo de Administración de RTVE y el golpe de mano dado por el Gobierno a través del irregular decreto-ley que ha propiciado un cambio total de rumbo en el proceso iniciado en su momento por los debidos cauces parlamentarios.

Y es que por el mero hecho de haberse hecho con el control de RTVE, Gobierno y variopintos socios pretenden hacer creer a la opinión pública que por una especie de big-bang creacional, hemos pasado desde la oscura noche de los tiempos televisivos, donde las tinieblas cubrían la faz del abismo –siga valiendo el símil bíblico-, a la instauración de un modelo de radio y televisión públicas independiente, plural, viable y de calidad; esto es, a una especie de edén sin mezcla de mal alguno. Así, como por ensalmo.

La verdad es que los prolegómenos no han podido ser peores. Desde luego, buenos tiempos no auguran a la vista de cómo los predicadores de la pretendida despolitización del ente público han hecho todo un ejercicio de política partidista barajando nombres –algunos poco o nada presentables profesionalmente- y negociando puestos que mal se compadecía con los principios que invocaban.

Lo peor con todo no han sido los nombres, sino la raíz y origen del proceso; es decir, la entrega de los medios públicos a Podemos tal cual el presidente Sánchez habría prometido a Pablo Iglesias a modo de recompensa política por su apoyo a la moción de censura. El desembarco en Prado del Rey del partido morado no es una cuestión menor. Pablo Iglesias lo ha reivindicado siempre y en esta ocasión parece tenerlo mejor amarrado. No es de extrañar que, para no generar excesivas alarmas, sea recibido en Moncloa en secreto por el apóstol de la trasparencia.

No creo, por otra parte, que los últimos tiempos de Prado del Rey hayan sido tan nefastos para el pluralismo político como dicen que dicen “los trabajadores” de la Casa, con un Consejo de Informativos a la cabeza que no se ha distinguido precisamente por sus debidas equidistancias políticas.

De hecho, basta con repasar los invitados a los grandes programas y tertulias informativas –los Desayunos y La Noche, por ejemplo- para comprobar cómo todos los partidos –y repito lo de “todos”- se han venido sucediendo ante las cámaras con periodicidad casi de reloj. Y cómo tales espacios han sido casi monográficos sobre cuestiones políticas. En realidad todos los convocados estaban encantados de acudir y todos salían también más que satisfechos. Eran unas tertulias poco peleonas.

Los partidos políticos han ocupado RTVE como lo han hecho en muchas otras instituciones. Visto sin embargo lo hasta ahora visto, probablemente tal invasión irá a más. Hay que contentar y recompensar a muchos compañeros de viaje. No tengo, pues, grandes esperanzas en el nuevo tiempo que se abre. Pero, a mi juicio, no estaría de más que la despolitización de TVE llegara no sólo al Consejo de Administración, sino también a los platós dando mucha mayor cabida a los grupos sociales, económicos y académicos, muy en segundo plano hasta ahora. La opinión pública –creo- está saturada de política.

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