Las calles tienen prisa

 

Y llegamos al final de curso. Es hermoso ver a la chiquillería cerrando los libros usados y reusados del periodo lectivo y empezar a quitarse las legañas acumuladas de tantas mañanas de prisas y carteras. Y me gusta verlos regresar al sosiego del tiempo para el disfrute, la risa abierta como el verano y el descanso entre el pasado y un presente para, simplemente, mirar y masticar las horas con diversión. Creo que todos recordamos esos mismos sentimientos que describen  muchos años de nuestras vidas y que significaban la maravilla de los días sin tiempo y la jornada entre la luna y el sol. Sin quererlo, me sirve de metáfora para interiorizar un imaginario final de curso social.

Recordando  lo que éramos hace nueve mes para evocar todo lo que prometimos reafirmar socialmente. Reconozcamos que los últimos virajes en el parlamento han dejado a algunos con una inesperada recuperación para la próxima convocatoria, y a otros, los tenemos en convalecencia continua a la espera de valoración final.

El curso político nos ha dado muchos sobresaltos, cambios inesperados y, siento decirlo, cierta desesperanza en resultados fiables. Pero, tal vez, uno de los ámbitos que peores resultados están consiguiendo día a día sea nuestra maltrecha justicia. Y esto sí que me provoca desdicha. Y deberíamos estar avisados. Llevamos años escuchando la falta de medios, la falta de independencia en las más altas instancias de la judicatura y la necesaria proporcionalidad efectiva de la aplicación de la ley. Me admitirán que la estructura judicial, como tal, lleva mucho tiempo anclada en un nefasto estado atemporal, donde más que resolver, parece que se enmaraña todavía más. Algunos analistas comentan que la culpa se encuentra en esa dependencia aconstitucional, prefabricada ad hoc, entre el poder político y el judicial. Podría ser, aunque si observamos algunos casos, adolecemos tozudamente de esta simple causa para armarla de razón y profundizar en las cicatrices de esta componenda que, por lo que se ve, no deja de sangrar. Me alarma ver decisiones judiciales que oscurecen la realidad y contradicen a la siguiente. Me preocupa que ya no nos callen con ese mantra de que las decisiones judiciales se respetan y volver a ver las calles llenas de gente para denunciar sentencias que no representan el equilibrio de las penas. Decía el ensayista francés Joseph Joubert que “la justicia es la verdad en acción”. Hacía tiempo que en una frase tan corta no encontraba tantas posibilidades de reflexión. Porque si analizamos, es precisamente ese resultado, evidenciar verdades entre la mentira que nos rodea, lo que empaña esta vida cotidiana que compartimos. Es indecente que el resultado de un tribunal sea aumentar las dudas sobre los hechos ocurridos, dándole alas a quienes cometen actos en contra de los derechos individuales y colectivos de los demás. Es lamentable recurrir a la probidad particular de algunos jueces para saber cual es el resultado de las sentencias. Es triste la sensación de desconfianza colectiva sobre la labor de esa justicia que tanto nos debería garantizar.

Durante estos días, en los que hemos recibido este verano tardío, hemos podido aprender mucho de procedimientos judiciales, aplicación de autos, seguridades jurídicas y, lo peor de todo, también de indignación colectiva. Decía Voltaire que “el último grado de perversidad es hacer servir las leyes para la injusticia”. No creo que hayamos llegado a este punto, pero sí que deberíamos empezar a preocuparnos por este pilar fundamental en nuestra estructura democrática, que respalde la aplicación de la ley de acuerdo a la equidad y al pensamiento global de este país. Llevamos suspendiendo demasiados exámenes, tal como han dictado los tribunales europeos, en materia social, económica y libertad de expresión. Algo hace aguas en este quehacer diario que inunda de dudas este tiempo que nos toca arrastrar. Avisados estamos desde los tiempos de Séneca, cuando manifestaba que “nada se parece tanto a la injusticia como la justicia tardía”… La prisa, a veces, no será buena, pero hay circunstancias que la hacen imprescindible, y esta es una de ellas

Es necesarios estar conectado para escribir un comentario Conectar