Tren y territorio

No pude evitarlo. Viendo las noticias y reportajes sobre el viaje en tren del ministro Íñigo de la Serna y Núñez Feijoó entre Ourense y Lugo, si yo hubiera hecho esas piezas audiovisuales, de fondo habría sonado El tren, la canción de Andrés do Barro. No, no iban como dice la letra, “pola beira do Miño”, pero encajaban con ese aire decadente de las viejas promesas de felicidad sobre el traqueteo antiguo, casi de máquina de vapor, que trataban de ocultar. El objetivo no era otro que transmitir una nueva prementira, que el tiempo transformará en otra posverdad, tan al uso.

Sí, también. Quizás el Vuelvo a Granada de Miguel Ríos sería un soporte sonoro adecuado, pues al anunciar la conexión ferroviaria moderna entre Ourense y Lugo, mis neuronas me retrotrajeron a 2009, cuando en la campaña electoral don Alberto prometió que “si el gobierno de Zapatero no construye el AVE entre las dos capitales, lo haremos nosotros con los presupuestos de la Xunta y luego le pasaremos la factura”. ¿Recuerdan? No sé con qué posverdad se justifica este incumplimiento, nueve años después. Quizás con el de la crisis económica. ¿Les encaja?

El AVE, que debiera de estar en servicio desde 2016, según el Pacto del Obradoiro, se atascó en 2011 gobernando Rajoy y Feijóo y no llegará hasta 2025. Con suerte. Y a Lugo diez años después. Con más suerte. Y a mí, que me gusta viajar en tren, que me conformo con tardar poco más de cinco horas en ir a Madrid y sumando otras tres horas llegar a los confines de Andalucía o Cataluña, me parece una absoluta e histórica irresponsabilidad lo que acontece con el transporte ferroviario en Galicia. Y descubro que, además de la escasa visión política y de las dificultades orográficas de nuestra comunidad, este estado del transporte de viajeros acentúa la falta de valentía para articular el territorio, la gran asignatura pendiente de los sucesivos gobiernos autonómicos.

El tren, como las autovías, las carreteras o los aeropuertos, en positivo son elementos articuladores, en negativo resaltan los despropósitos. Vean los desequilibrios entre las provincias ricas -A Coruña y Pontevedra- y las pobres -Ourense y Lugo-. El exceso de tres aeropuertos en unos 160 kilómetros lineales comunicados por autopista -A Coruña, Santiago y Vigo-. Los trenes de velocidad alta recorriendo el eje A Coruña-Vigo. El mal estado de la carretera N-540 Lugo-Ourense. La galopante despoblación de las dos provincias interiores… y una larga retahíla que da para una enciclopedia.

La conexión ferroviaria con la meseta no debiera resumirse en una simple cuestión de velocidad y tiempo. Le correspondería atender también a las necesidades del transporte de mercancías. Y debería evitarse, como está aconteciendo, la desaparición de las líneas de cercanía, acrecentando la incomunicación de las zonas menos pobladas.

Está claro que la quimera del AVE, llegue en 2019 -como anuncia la conselleira-, o en 2020 -como asegura Feijóo-, o en 2021 -como ha declarado el ministro de Fomento-, o en 2025 -como ha descubierto Leiceaga en los presupuestos- es un simple abrazo entre la fachada Atlántica y Madrid. La otra Galicia es una simple circunstancia. Un territorio olvidado.

Es necesarios estar conectado para escribir un comentario Conectar