El mitin de Espinar

La ocasión le vino como anillo al dedo y, a fuer de sincero, he de decir que la aprovechó a tope. Pocas horas antes de su prevista comparecencia en el programa La Noche 24 Horas de TVE habían saltado un par de noticias de primerísimo nivel: la remisión a la Fiscalía por parte de la propia Universidad Rey Juan Carlos (URJC) de las supuestas irregularidades detectadas en el supuesto máster de Cristina Cifuentes y la puesta en libertad en Alemania de Puigdemont, exonerado además a efectos de su posible extradición del delito más grave de los que desde España se le acusaba: rebelión.

A Ramón Espinar Merino, secretario general de Podemos-Madrid y portavoz de su partido en el Senado, lógicamente le interesó más la primera incidencia que las andanzas extranjeras del fugado gran golpista catalán. Y ante la pasividad –no digo complacencia- del presentador del programa y de buena parte de los tertulianos lanzó todo un eficaz mitin –en tono reflexivo y nada exaltado en las formas- de casi una hora de duración no ya tanto contra la cuestionada presidenta de la Comunidad de Madrid, que también, (“habría que extirparla del puesto”) sino contra todo el Partido Popular, en una especie de causa general contra el mismo (“lo peor de la sociedad; un lastre para este país”).

Como uno ha sido cocinero antes que fraile, no he entendido nunca la labor del periodista como mero formulador de preguntas, sin réplica o contrapregunta alguna. Para tan pobre función bien hubiera valido un primerizo becario portador del micrófono de turno. Nadie en el plató le recordó los manejos con la venta de su vivienda protegida y las ganancias que ello le reportó.

Se hartó, no obstante, de hablar de moral y ética. Ya se sabe que Podemos es un chollo moral: la corrupción sin remordimiento. Y como no le apretaron mucho, con sencilla faena de aliño se zafó de los casos Errejón y Monedero y de las chapuzas universitarias de ambos compañeros de militancia política sancionados por ellas en su día. No extrañó que saliera encantado de Torre España. El hábil Espinar, yendo y viniendo a sus anchas sobre cuestiones que no pocas veces nada tenían que ver con la actualidad del día, los barrió. La hora de práctico soliloquio en momento y día de máxima audiencia le salió redonda.

No se sabe de momento cuánto tardará la Fiscalía en concluir sus investigaciones sobre el caso Cifuentes. Pero sin pretender en absoluto disculparla de sus eventuales complicidades, cuesta creer que la presidenta madrileña haya sido caso único en lo que al trato de favor recibido se refiere.

No sé, por tanto, si el Ministerio público, la Conferencia de Rectores, la propia URJC o quien proceda no debería hacer una investigación más amplia sobre escándalos políticos en las aulas universitarias y la falta de rigor y transparencia que se observa. En todo caso, si Cifuentes debe dimitir, tras ella ha de ir el rector de la Juan Carlos para preservar la credibilidad de la institución académica que representa.

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