Religión y política

Si usted pasa EL viernes santo junto a algún cuartel militar verá la bandera española ondeando a media asta en señal de duelo por la muerte de Jesucristo. Si no sabe nada de religión, cosa improbable en este país, creerá que el personaje fallecido acaba de irse de este mundo. Pues no. Si aceptamos la tradición, sucedió hace dos mil años y casi desde entonces, con más o menos obligatoriedad, los españoles venimos cumpliendo con el rito del duelo nos guste o no, seamos cristianos, nósticos, agnósticos, musulmanes, budistas, judíos…

Como Antonio Machado, yo no prefiero a ese Jesús clavado en el madero, sino al que anduvo en la mar. Prefiero a un mito vencedor de las aguas y predicador de la libertad frente a un representante del dolor, la tragedia y la complacencia en la quimera de la muerte con sufrimiento. Pero como en la Semana Santa confluyen dos elementos de dominación social -el miedo y el boato-, tengo la sensación de que, gran parte de los poderes públicos y políticos de nuestras tierras, todas las primaveras siguen complaciéndose con sacar escaleras para subir a la cruz.

Sí, es la fe de nuestros mayores. La fe de la saeta, que respeto y entiendo aunque no la practique. Del mismo modo que repudio por inconstitucional el sometimiento, simbólico o de hecho, del Estado a la religión católica creando agravios comparativos con otras creencias. Y esto no significa menosprecio del catolicismo y de sus ritos, en los que me educaron. Lamento la instrumentalización de la religión y la fe, de cualquier obediencia, como arma política y hasta electoral. Un instrumento que aún sigue utilizándose como bandera para justificar guerras y genocidios.

 La Semana Santa se ha convertido en un pastiche en el que se mezclan la religión cristiana con la tradición de los gremios del pasado, con la política partidaria o representativa, con la injusticia, con el turismo y con la economía. Y hasta la Conferencia Episcopal no tiene empacho para presumir de que esta celebración genera 9.800 millones de euros y crea 97.000 empleos temporales. Pero no ha contabilizado ni los penitentes, ni las oraciones rezadas, ni el recogimiento por la muerte de su Dios hecho hombre. Esto es, vemos como la modernización de la fe católica está en consonancia con su incidencia en el PIB.

Y resulta un insulto contemplar a los legionarios -aún bajo el nombre del general golpista del 36, Millán Astray- cargados de fusiles, portando al Cristo de la Buena Muerte en Málaga. Y no se entiende que el Consejo del Poder Judicial siga permitiendo el indulto de presos, cinco este año, por solicitud de las cofradías de penitentes. ¿Responderían igual si los pidieran los clubs de futbol, coincidiendo con la celebración del Mundial o la final de la Copa del Rey? Es una buena pregunta para los dos ministros, Catalá y Zoido, y la ministra Cospedal, presentes en las parafernalias de las procesiones andaluzas.

Sí, ya sé, como todas las religiones son imperialistas, en España aún hay quienes siguen queriendo llegar por el Imperio hasta Dios. O viceversa.

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