Atrapados en la Red

Quieres cambiar tu vieja cafetera. Consultas varias webs para comparar precios y calidades y tus siguientes entradas en la Red aparecen salpicadas de anuncios de cafeteras muy similares a la que buscabas. Las redes sociales te avisan del cumpleaños de tus amigos y te sorprenden incluyendo entre la larga lista de personas con las que te sugieren conectar algún viejo amigo al que hace años que no ves, porque tiene vínculos con otros miembros de tu red.

No es difícil imaginar lo que podría suceder si se generalizan las ya numerosas interconexiones entre las redes. Que pidas un menú y te salte un aviso de que los niveles de colesterol de tu última analítica no lo aconsejan. O que te amenace con una multa o con darte de baja de la asistencia sanitaria, porque el sistema público no debe cargar con el coste de la asistencia a alguien que atenta contra su salud.

No es un derroche de imaginación, en un mundo en el que un político que ha demostrado un alto nivel de astucia acaba detenido por el rastro que su viaje deja en la Red. O en el que un pirata informático puede saltarse el blindaje de los sistemas bancarios y desvalijar montones de cajeros.

En China avanza un sistema de reconocimiento facial capaz de detectar delincuentes en la calle y se baraja la clasificación de ciudadanos en función de su nivel de cumplimiento de las normas sociales.

El «mundo feliz» de Huxley ya está aquí. Solo depende de dónde se sitúe la frontera de la privacidad. Y hay síntomas abundantes de una amplia disposición a aceptar todos los controles por la comodidad y la sensación de libertad y poder que otorga comprar, relacionarse o hasta vivir en la Red.

Es necesarios estar conectado para escribir un comentario Conectar