Otra polémica sobre la División Azul

En 2004, durante el primer gobierno de Zapatero, el entonces ministro de Defensa, José Bono, tuvo la iniciativa de reunir, con motivo de la Fiesta Nacional, y como evidencia de la reconciliación de los españoles que lucharon en bandos diferentes durante la II Guerra Mundial, a un veterano de la División Leclerc (de la famosa “Nueve”, la primera unidad que entró en el París ocupado) y a un veterano de la División Azul. El asunto generó una polémica parecida a la que ahora ha surgido al saber que el Ministerio de Defensa ha destinado un total de 23.300 euros desde el año 2003 para la repatriación de los restos de 29 miembros de la División Azul, que luchó junto a los nazis contra la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial. El PSOE ha interrogado al Gobierno sobre este asunto, olvidando que en 1995, el propio Gobierno Socialista de Felipe González firmó un convenio en dicho sentido con la asociación alemana que se ocupa de recuperar los restos de combatientes de la Werchmat durante la II Guerra Mundial.

La noticia se ha entreverado con la postura del Gobierno de Mariano Rajoy y su reticencia a aportar los medios necesarios para aplicar las previsiones de la Ley de la Memoria Histórica a fin de recuperar e inhumar adecuadamente los restos de los represaliados republicanos que fueron abandonados en cunetas, terraplenes y fosas comunes. Ha sido, sin duda, una torpeza innegable no ayudar a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) en su labor.

Desde hace mucho tiempo, con gobiernos del PSOE incluidos, través de la Dirección de Asistencia al Personal del Ejército de Tierra (DIAPER), el Ministerio de Defensa colabora en las repatriaciones en virtud de un convenio suscrito con Alemania en el año 1995 (Gobierno Socialista de Felipe González) y que fue ratificado por el exministro Pedro Morenés en 2015. La búsqueda de los restos se hace a través de la asociación alemana Volksbund Deutsche Kriegsgräberfürsorge, que cuenta con la autorización para buscar en Rusia la ubicación de los muertos de la División Azul durante la Segunda Guerra Mundial.
En realidad, desde hace muchos años, de modo privado, familiares de soldados fallecidos en Rusia vienen recuperando sus restos por iniciativa propia, como queda reflejado en el libro “La nieve es roja”, del que son autores Fernando y Miguel Angel Garrido Polonio. Ambos dan testimonio de la cordial acogida que fueron recibidos en los lugares donde había fosas de españoles por las autoridades y la población rusa, donde pese a todos los avatares de la guerra, los españoles no dejaron mal recuerdo por su modo de comportarte con la población.

Prueba de ello fue lo ocurrido en 2005, cuando cuatro veteranos de la División Azul se desplazaron a San Petersburgo para asistir los festejos del 60º aniversario de la victoria sobre la Alemania nazi. Estos ex divisionarios, según la agencia oficial Itar-Tass, en nombre de los españoles que combatieron del lado nazi, pidieron perdón a los rusos. Incluso colocaron una ofrenda floral en la tumba a los defensores de Leningrado en la plaza de la Victoria y regalaron a los veteranos rusos, contra los que combatieran, un grabado de Don Quijote y Sancho Panza. Más tarde viajaron a Nizhni Nóvgorod, para visitar el cementerio de la División Azul donde descansan los restos de cientos de soldados españoles. Especialmente simbólico en este viaje fue la visita a los lugares donde combatieron, el campo de Krasni Bor (Bosque Rojo), en los alrededores de la antigua capital imperial. Aquí, durante la batalla de Leningrado (San Petersburgo), la División Azul sufrió el mayor número de bajas. En la crónica de aquel viaje, publicada por “El País” se relata que los habitantes de Krasni Bor conservaban buen recuerdo de aquellos españoles, tan diferentes de los soldados alemanes.

¿Eran todos los divisionarios fascistas, falangistas y franquistas? Parece que no, algunos eran aventureros juveniles que falsificaron su edad para vivir aquella aventura; otros eran “rojos” o “republicanos” que se alistaron para salvar la vida o la persecución personal o familiar y entre aquellos personajes tan singulares con el cineasta Luis García Berlanga o el actor Luis Sitges.

Lo razonable es recuperar los cadáveres de aquellos soldados que murieron en Rusia y de todas las personas asesinadas por sus ideas en cualquiera de los dos bancos enfrentados en la guerra civil y sepultarnos con el mismo respeto y dignidad, ayudando, con los medios necesarios, especialmente a quienes llevan más tiempo esperándolo, a cerrar esa y todas las heridas.

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