Mujeres en huelga

Me resulta fascinante pensar en el día 8 de este marzo convulso e imaginar a la mitad del mundo deteniéndose, aparcando labores, compromisos, esclavitudes consentidas, empeños y mezquindades. Dejando el IPC en el cubo de reciclar, el Haber y Debe empresariales en los nichos de los cementerios, poniendo las cuentas de resultados en el congelador de las cocinas, en las mismas donde ese día los fogones no los alimentaría un ama de casa sin sueldo, sin pensión de jubilación y sin mejores sueños que ver crecer a la prole con salud.

Y me cuesta adivinar como han de ser los circuitos mentales de los políticos y políticas, empresarios y empresarias, pensadores y pensadoras, dispuestos a obedecer antes a un tipo de interés bancario que a la conciencia solidaria. Esa que la Humanidad está pidiendo para las mujeres. Y me cuesta que no sean capaces de asumir la descompensación social, que no es cosa del 50 ni del 60 % de mujeres, que es una elemental razón de igualdad natural.

Yo haré huelga en homenaje a mis abuelas. A Isabel porque fue incapaz de no morir de pena mientras mi abuelo Antonio se pudría en las cárceles franquistas. Porque era una mujer-amor. A Amalia, porque supo ser feliz amando y trabajando eternamente en el campo con mi abuelo José, criando a siete hijas hasta darle un hijo que continuara vivo el apellido. Porque era una mujer-tesón.

Yo haré huelga en recuerdo de la tía abuela Carmen. Pobre de solemnidad, trabajadora eterna en la casa de unos terratenientes, hasta que enfermó de vieja y la abandonaron en manos de las sobrinas, tan mísera como había entrado en aquella mansión cincuenta años antes. Porque era una mujer-invisible.

Yo haré huelga para alabar a Luisa, mi madre. Porque no pudo estudiar y desarrollar su preclara inteligencia con la que entendía el arte, el cine, la arquitectura, la importancia de la estética en la vida y el placer por las pequeñas cosas. Porque siempre, compartiendo su amor encendido con mi padre, fue feliz en la alegría y en las penas, caminando juntos más de sesenta y cinco años. Porque fue una mujer-concordia.
Yo haré huelga para honrar a mis tías Antonia, Encarna e Isabel, tan diferentes entre sí pero encadenadas por el mismo tiempo vital de herederas de una contienda fratricida, educadas en el miedo y en el rezo, pero capaces de romper barreras laborales y de conformismo. Porque eran mujeres-heroínas.

Yo haré huelga en agradecimiento a las dos mujeres con las que he compartido los años más decisivos de mi vida y comparto dos hijas y un hijo. Porque son mujeres de este tiempo, de quienes aprendo feminismo y voluntad de cambio. Porque son dos mujeres-roca.

Yo haré huelga por el porvenir de mis hijas, porque dejen de ser cuota o porcentaje, porque su vida deber ser solo de ellas en igualdad, sin cortapisas. Porque son dos mujeres-futuro.

Y compartiré la huelga con todas mis amigas, porque de las mujeres aprendo siempre.

 

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