¡PAÍS! Homenaje a Forges

            Si se hubiese muerto Forges, habría muerto España. Esa nación plurinacional de Estados con autonomías que son una, grande y libre monarquía procedente de un régimen dictatorial emergido de una guerra fraticida que surgió de una república, y que ahora trata de independizarse de sí misma sin dejar de ser la Península Ibérica europea democrática con partes autodeterminables. En una palabra, ¡País!

            Uno se puede morir de ausencia de sí mismo, de risa y con Prisa. Forges no se murió, no podrá hacerlo nunca. Es como una forma telúrica, esencial de la tierra y de un país que puede ser periódico pero que, esencialmente, es territorio que forma una unidad geográfica, política y social – es coña-.  Ha fallecido Antonio Fraguas, el sobrino-nieto de don Antonio Fraguas, Cronista Oficial de Galicia, aquel señor de la cabeza a los pies que decía que a partir de los setenta años cada tres meses es Navidad. El tío-abuelo de Forges, primo del padre del dibujante, tenía sabiduría y gracia. Y cultura. La genética gallega está ahí para trasladar ingenio, conocimiento, capacidad de análisis y de síntesis.

            He pensado por qué Forges no publicó en El Cocodrilo de Eugenio Suárez, donde sí lo hicieron Mingote, Chumy Chúmez, Summers, PGarcía, Ramón, Almarza, José Julio, y tantos otros que fueron tanto y que resultaron ser pocos. No tuvimos esa gracia, esa suerte de compartir un humor de Pueblo, Informaciones, Diario16, El Mundo y de El País. Nuestro modelo ya era global y diamantino, Le Canard Echainé. Sólo representábamos un semanario satírico secuestrable en democracia. Siete veces lo hicieron, como ahora con el libro Fariña de Nacho Carretero. A nosotros nos perseguían los políticos, ahora los políticos persiguen a los libros, eso sí, a través de la Justicia. Es posible que Forges en papel se sintiese independiente sólo de la mañana, o de El Jueves, algunos se sienten independientes de España, en Bélgica o en Suiza. ¡País!

            Antonio Fraguas declaró que “la violencia es miedo de las ideas de los demás y poca fe en las propias”. Nunca tuvo miedo. Las suyas fueron críticas decidas, firmes, claras, contundentes. En días decisivos firmó el único editorial de una sola palabra que mejor define a esta nación, a este !país¡ sin letra en el himno, a esta España del oportunismo, con muchas martas y demasiados sánchez y garcía, con alalás rutinarios y francos eternos, acostumbrada al humor magistral, incluso al hiriente del rumor pueblerino, y al gracejo improvisado en tabernas y filosofías arrebolantes. Rojo humor encuadernado en etapas azules, grises de porras y churros, negros los taxis, los lutos y las letras sobre el banco preferente o el blanco en quiebra. Blanca como la viñeta de mañana, en la que cabrán los millares de dibujos de Forges, con dos narices. ¡País!

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