El silencio de Arrimadas

 

Si bien es cierto que el PP reprocha hoy a Ciudadanos lo que Rajoy practicó tras las elecciones de diciembre de 2015 (declinar la invitación real a formar Gobierno), no menos cierto resulta lo contario: que en la actualidad el partido de Albert Rivera está llevando a cabo con la investidura de Arrimadas en Cataluña aquello contra lo que tanto bramó cuando del presidente y candidato ganador del PP lo llevó entonces a la práctica, va a hacer ahora un par de años.

El argumento justificativo fue y es el mismo: no había/no hay votos suficientes. Parece un jeroglífico, pero no lo es. Es una de esas inconsecuencias con que, según las circunstancias del momento, todos, nueva y vieja política, se acompañan.

​El caso es que el Partido Popular está muy enfadado con Rivera. Nunca fue éste lo que se dice un socio digno de tal condición. Ni aquí ni allí; ni ahora ni antes. “Es sorprendente la inquina que me tiene”, ha llegado a decir, aunque entre dientes, Mariano Rajoy, tan poco amigo como es de palabras fuertes. Y en la Comunidad de Madrid Cristina Cifuentes de Madrid tampoco se siente lo acompañada que cabría esperar.

Como se recordará, tras la convocatoria de 2015 ya desde el minuto uno el secretario general de C´s se cerró en banda a negociar nada con el PP, a consta incluso del peligro de una no descartable alianza PSOE-Podemos. Al final se echó en brazos de Pedro Sánchez, que ni siquiera había ganado las elecciones. Ahí se llevó el Rivera primer batacazo de la política a pie de obra.

En las elecciones de la semana pasada en Cataluña Rivera, Arrimadas y el partido mismo han ido por libre, a pesar de sus prédicas sobre la necesidad de sumar. Su apoyo al 155 fue voluble, tardío, restrictivo y nada comprometido en la práctica. En la campaña hablaron del “voto basura del PP” en un ansia por acaparar el voto útil y por convertirse en supuesta alternativa al PP.

Y eso Génova, no sin razón, no se lo perdona. Se quejó en su momento García Albiol, aunque también un poco entre dientes. Pero pasada la jornada electoral, dos pesos fuertes del PP cuales son el portavoz parlamentario Rafael Hernando y el coordinador general Martínez-Maillo han sido más explícitos al respecto.

Con todo, podría entenderse la resistencia a la investidura de Arrimadas, a pesar de que lo haría de forma hasta brillante frente al cerrilismo del bloque independentista. Los números, en efecto, no salen. Sería para ella una magnífica ocasión para exponer a plena luz el relato de la Cataluña constitucional y europea que le cumple hacer.

Pero lo que sorprende más es su silencio; su falta de iniciativa política cual corresponde a todo vencedor de unas elecciones. El haberse metido en la madriguera política en espera de ver qué hacen los adversarios, no se entiende.

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