Un relato de difuntos

Era un encapotado Día de Difuntos. El cabeza de familia emprendió camino hacia el monasterio mercedario donde servía su hermano, Capellán, y llevó consigo a sus dos hijos menores.

Allí había un pequeño camposanto, con contados sepulcros, todos ellos de altos dignatarios eclesiásticos o militares a quienes juzgaron defensores de la fe. El lugar fascinaba a los niños, hechizados por su atmósfera fantasmal, y esa era la razón de que acompañaran a su padre de tan buen grado cada vez que éste lo visitaba. Tras la llegada, y luego de los saludos, pidieron a su tío, como siempre, que les dejase corretear por el cementerio, a lo que aquél accedió sin reparo, pues el sitio no ofrecía peligro y a buen seguro que los juegos infantiles no molestarían a los moradores.

Poco tiempo después los dos hermanos escucharon gritos asustados de los niños y acudieron raudos y alarmados. Los chavales lloraban, asustados, mientras señalaban una sepultura ricamente ornamentada. De allí salían unos perturbadores sonidos, que parecían venir del auténtico inframundo. Pero el capellán no mudó el gesto.

Ayúdame -pidió a su hermano, que accedió, aunque temeroso

Entre ambos deslizaron la lápida de la tumba y bajo ella descubrieron dos grandes serpientes, negras como la noche y enrolladas en un grotesco abrazo, cuyos siseos eran transformados por el mármol y la piedra en un siniestro ulular. El capellán se valió de un largo palo para sacarlas de su lúgubre morada y arrojarlas fuera del muro del camposanto.

Su hermano y sus sobrinos se sintieron aliviados y dijo el primero:

– Nada más que el ruido de unos bichos y la imaginación los hizo sonidos de ultratumba.

– No tan deprisa -replicó su hermano-, que si ahí estaban fue porque era donde más pecado había.

Se hizo el silencio.

Durante el regreso a casa, el más joven de los niños, aun pensativo, preguntó a su padre:

– ¿Y qué pasó de verdad, padre?

– Eso tendrás que decidirlo tú -contestó.

Era ya anciano aquel niño cuando dio con la respuesta.

 

Es necesarios estar conectado para escribir un comentario Conectar