Dos imágenes…


Que, parafraseando a McLuhan, valen más que mil palabras. La primera es de 1981 cuando el caos político-social parecía instalado en un país crispado y dividido. Con aquel clima Tejero entró en el Congreso y la amenaza de la “negra sombra” de la dictadura volvía a recorrer el suelo patrio.

Pero llegó el rey y mandó parar. Controlada la situación, el monarca reunió a los líderes políticos, los Suárez, González, Fraga, Carrillo… y les llamó cariñosamente al orden. Aquellos políticos entendieron el mensaje del Jefe del Estado que les recordó que la intentona golpista dejaba una lección: la defensa de las ideas y proyectos propios deben convivir con la sensatez política y los ánimos sosegados.

La segunda imagen es la del minuto de silencio del viernes en Barcelona. Una nueva situación crítica causada por otro “golpe”, ahora terrorista, reunió a los políticos estatales y autonómicos. Allí estaban Rajoy y Puigdemont,, Sánchez, Iglesias y Rivera, la alcaldesa y más políticos nacionales y autonómicos, de nuevo al lado del Rey y arropados por miles de ciudadanos que, rotos por el dolor, gritaron a los terroristas “no tengo miedo”. Era la imagen de unidad que necesitada el país después del largo enfrentamiento que generó la cuestión política catalana.

La pregunta es si estos políticos de ahora, más allá de las proclamas habituales de rabia y estupor, de muestras de dolor, de indignación contra los terroristas y de afecto y solidaridad con las víctimas y otras “frases hechas”, habrán entendido la lección del atentado o esta imagen es puro espejismo.

La masacre coincidió con días de máxima tensión política entre el Gobierno del Estado y los gobernantes de Cataluña, que vienen actuando contra toda racionalidad y violando las leyes en su escalada demencial para la “desconexión” de España.

¿Recuperarán la cordura los políticos catalanes? Gobernar para los ciudadanos -y luchar contra el terrorismo- exige unidad y defensa del orden democrático, de los “principios y valores” comunes que brotan de la Constitución y del respeto a las leyes.

Ojalá que las víctimas de Las Ramblas obren el milagro de que unos abandonen las alucinaciones secesionistas quijotescas y todos recuperen la racionalidad del entendimiento. El clima de unidad de las grandes ocasiones debe trasladarse a la política y a la gestión de los intereses diarios de los ciudadanos, entre los que están caminar juntos para vencer al terrorismo que nos amenaza a todos.


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