La prensa informa y editorializa sobre la concentración humana en Barcelona

Las primeras páginas de todos los diarios destacan hoy, con gran relieve, la manifestación celebrada ayer en Barcelona por la paz y en contra del terrorismo.

Los titulares son, en la mayoría de los casos, de corte valorativo, y coinciden en señalar el boicot de los independentistas a la unidad requerida contra el terrorismo, expresada con abucheos y gritos contra el Rey y el presidente del Gobierno. Así, EL PAÍS titula a toda página “El independentismo boicotea la marcha unitaria de Barcelona. Cientos de miles de personas se manifiestan contra el terrorismo, en una protesta con numerosas proclamas de carácter separatista contra el Rey y el presidente del Gobierno”.

EL MUNDO señala: “Independentismo por encima de las víctimas. La Generalitat y colectivos separatistas orquestan una encerrona para abuchear y cubrir de esteladasel paso del Rey y el Gobierno”. ABC destaca “España, con Barcelona, pese al boicot independentista”. “Los separatistas intentan boicotear la marcha de la unidad”, destaca LA RAZÓN, que califica de “valientes” a los ciudadanos que se manifestaron “con el Rey y los héroes de los atentados” en Barcelona.

Los diarios editados en Cataluña se decantan por titulares más genéricos, aunque no eluden las referencias a la falta de unidad en la manifestación de Barcelona. LA VANGUARDIA señala “La tensión política marca la protesta antiterrorista y enturbia un acto que llamaba a la unidad”. Y en páginas interiores, “Felipe VI aguantó los silbidos y abucheos de una parte de los asistentes”. EL PERIÓDICO elige un escueto “Sin miedo, con pena” para su portada, para indicar en el subtítulo que “El independentismo aprovechó la manifestación para abuchear al Rey y exhibir esteladas“.

 

OPINIÓN

EL FANATISMO INDEPENDENTISTA ROMPIÓ LA UNIDAD

La multitudinaria manifestación de ayer en Barcelona contra el terrorismo fue, mayoritariamente, una exhibición de unidad. Pero un colectivo menor, aunque significativo y muy bien organizado, seguramente con respaldo institucional, ha querido capitalizar esta protesta pacífica para sacarle un rendimiento político espurio. Es lamentable que hayan intentado convertir la marcha en un acto independentista y es una prueba más y decisiva de hasta qué punto la causa del separatismo ha degenerado en la intolerancia y el fanatismo más demencial. Los silbidos contra el Rey y contra Rajoy son un hito más en la construcción de un relato falso de victimismo. Ondear esteladas estratégicamente situadas detrás de Felipe VI y de Rajoy fue un intento calculado y orquestado de desvirtuar el objetivo de una convocatoria ajena a los vaivenes políticos. Por pocos que sean, gozan de una gran fuerza al contar con el amparo de la Generalitat, que en última instancia legitima sus acciones. Hay que cortar de raíz estos lazos y que las fuerzas moderadas se desmarquen de los sectarios para recuperar una vida política sana donde se anteponga el respeto a la ley y a las ideas.

EL PAÍS 10. Editorial

LOS INDEPENDENTISTAS ENSUCIARON EL DOLOR COLECTIVO

Las organizaciones independentistas convirtieron la manifestación de ayer en un aquelarre propagandístico. Politizaron de un modo abominable un acto por la paz. El Rey tenía que estar ayer donde estuvo, junto a las principales autoridades del Estado, porque el independentismo no puede marcar la agenda de las instituciones. Los agitadores independentistas fueron demasiado lejos en su actitud injuriosa, con la cobertura lamentable de dirigentes nacionalistas y, lo que es más grave, de formaciones como Podemos. Cabía esperar que sucediera lo que ocurrió, porque la víspera el propio Puigdemont se encargó de calentar el ambiente y de dinamitar la unidad acusando al Gobierno de “hacer política” con la seguridad de los catalanes. Probablemente porque se sabía que la marcha iba a estar manipulada, muchos se abstuvieron de participar en ella. Los datos hablan por sí solos: 500.000 personas en la marcha de ayer, frente al millón y medio de manifestantes en Barcelona tras los atentados de 2004 en Madrid. Ha sido una forma terrible de ensuciar tanto dolor colectivo.

Más cooperación europea contra el yihadismo

El terrorismo ha vuelto a intentar otras dos matanzas este fin de semana en Bruselas y Londres. El yihadismo es la principal amenaza de seguridad a la que se enfrentan los europeos, y el avance del terrorismo nos obliga a estar más unidos que nunca. La UE debe avanzar a marchas forzadas en cooperación policial y seguridad. Por eso, el presidente del Gobierno, Rajoy, ha sido oportuno al proponer al presidente francés, Macron, un cambio en la agenda de la reunión que mantendrán el próximo lunes con la canciller alemana, Merkel, y el primer ministro italiano, Gentiloni, para abordar medidas de refuerzo en la lucha antiterrorista

EL MUNDO 3. Editorial

NO ERA DÍA PARA ESTELADAS SINO PARA PEDIR EL FIN DEL TERRORISMO

La manifestación contra el terrorismo fue un ejemplo de solidaridad con las víctimas pese a los esfuerzos de la Generalitat y del independentismo por convertirla en un argumento para alentar sus ansias separatistas. Tampoco ayudó nada el mensaje de la ultraizquierda podemita, buscando culpar a Occidente de la obra de unos desalmados asesinos. De nada sirvieron las inmorales maniobras del independentismo para apartar al Rey y al Gobierno de la nación de un acto tan relevante y solidario. La valentía del Rey y del Gobierno para hacer frente, a pie de calle, a la encerrona de los intolerantes es digna de elogio. Ellos supieron estar a la altura; los fanáticos de los silbidos, no. Ayer los ciudadanos de toda España estuvieron representados por el jefe del Estado y el Ejecutivo, que encarnaban valores y no el desmoralizante oportunismo en que han incurrido la Generalitat y la CUP. La utilización política del dolor de toda la sociedad es una ruindad cuando, como en este caso, se ha tratado de poner inútilmente al servicio de una sedición. No era día para esteladas, sino para los buenos sentimientos, los que engrandecen al ser humano.

La elevada factura del terrorismo

El terrorismo yihadista no solo se cobra la vida de inocentes, sino que también pasa una onerosa factura a la economía, ya que la inseguridad aumenta la percepción de riesgo, dañando el comercio, la inversión y el turismo. Al coste directo de los daños materiales y empresariales hay que sumar el negativo impacto colateral que causa al sector turístico. Es pronto para saber qué impacto tendrán los atentados de Barcelona y Cambrils en esta materia. Según un estudio, Cataluña podría recibir hasta 700.000 visitantes extranjeros menos en el peor de los escenarios. El terrorismo, por tanto, es un grave riesgo para la economía.

ABC 4. Editorial

LA UNIDAD FUE UN ESPEJISMO

En la manifestación de ayer hubo mucha tensión como plasmación del desafío soberanista y el uso político descarnado que la Generalitat, con su presidente a la cabeza, ha hecho de esta tragedia. La presencia del Rey mantuvo la dignidad del Estado, el respeto a las víctimas, la seriedad y el duelo. No fue una manifestación que respirase unidad. La respuesta fue masiva pero el mensaje pecó de difuso, sin compromiso verdadero en la lucha contra el yihadismo. Ha sido una semana larga, donde no ha habido tregua política y en la que la agenda soberanista ha impuesto su lenguaje, dejando al Gobierno la responsabilidad y la sensatez. Los dirigentes de la Generalitat han trabajado hasta el ridículo para romper la unidad y utilizar el atentado para demostrar con los métodos propagandísticos más manipuladores, que Cataluña estaba respondiendo como un nuevo Estado. Rajoy ha evitado con buen criterio y responsabilidad institucional entrar en burdas provocaciones y ha antepuesto el interés colectivo de frenar los ataques yihadistas a las pretensiones de Puigdemont de convertir un atentado terrorista en un nuevo capítulo del proceso. La unidad ha durado poco porque el único objetivo del independentismo sigue siendo romper España .

LA RAZÓN 3. Editorial

LA TENSIÓN POLÍTICA EMPAÑÓ LA RESPUESTA UNITARIA

Fue una manifestación plural, como la sociedad catalana, con el mensaje de rechazo del terrorismo como objetivo común, pero que cada ciudadano o colectivo expresó a su manera, incluso de forma muy crítica respecto a algunas de las autoridades presentes en el acto. La tensión política que preside la vida política española y, en particular, la catalana, empañó el intento de responder de forma unitaria y unánime a la sinrazón del terrorismo. Muchos catalanes piensan con razón que ayer no era el día de recibir al Rey con silbidos. Grave error de quienes lo azuzaron. Barcelona debe ser siempre cívica y no debe perder de vista la inteligencia política. Felipe VI quiso estar presente en la manifestación y su presencia en ella ha sido un acierto. Muchos ciudadanos acudieron arropados con su bandera, la catalana, la española, la estelada o con la enseña de otros países, sin que se produjeran incidentes. No era día de banderas porque la lucha antiterrorista está por encima de ellas. Por eso, la manifestación dentro de la manifestación convocada por algunas organizaciones independentistas, como la ANC, buscó un protagonismo innecesario.

LA VANGUARDIA 32. Editorial

MARCHA POR LA PAZ DESVIRTUADA

Era un deseo y también un temor que la marcha unitaria quedase desvirtuada por la profusión de esteladas y por la utilización de la expresión popular contra el terror para protestar contra el jefe del Estado y las autoridades españolas. Los objetivos de la manifestación de defensa de la paz, rechazo del terrorismo yihadista y solidaridad con las víctimas se cumplieron. Estuvieron fuera de lugar los abucheos y las pancartas contra el Rey y contra los representantes del Gobierno español, así como la presencia de numerosas banderas independentistas. Lo mejor hubiera sido una concentración sin banderas, con la única de la paz. Esta nueva demostración de fuerza del independentismo sobraba a dos semanas de la Diada. Los temores a la instrumentalización restaron quizá asistencia a la marcha. La unidad, en el fondo, era solo una fachada porque en esta semana posterior a los ataques yihadistas hemos asistido a enfrentamientos soterrados entre los gobiernos del PP y de la Generalitat.

EL PERIÓDICO 14. Editorial

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