Normalidad democrática con café


 

Me gustan las semanas que alientan el ámbito laboral con un festivo de por medio. Da cierta capacidad de robar a las obligaciones algunas décimas de libertad entre tanto horario maltrecho. Pero esta semana necesitaba un suspiro. Los gallegos lo tuvimos fácil gracias al Día de nuestra tierra. Lo dejo así porque ante tanta nomenclatura de sobrenombres no me queda muy clara la celebración. Desde la desvinculación festiva con el estado español vivimos un cierto anacronismo que se mezcla con mucha ideología. Hay que reconocer que hacemos las cosas muy difíciles.

Pero sigamos con el suspiro. Al día siguiente, festividad de Sta. Ana y S. Joaquín, ejemplaridad cristiana de nuestros queridos abuelos, todos teníamos una cita en los juzgados. Para algunos, con la “normalidad democrática” que significa que un presidente del gobierno tenga que declarar como testigo por un caso de corrupción en la financiación del partido político que preside; para otros, el motivo suficiente para que adelantara sus vacaciones definitivas y abandonara Moncloa.

Debo reconocer que me llamó la atención que en mi visita diaria al bar de confianza para la pausa obligada del café, se podía seguir en directo la declaración de Rajoy. Los cómplices ciudadanos de la pausa habitual, seguían con cierto desdén la retransmisión. Unos, porque tenían muy claro que poco nuevo se sabría de todo este embrollo; otros, porque al hilo de alguna respuesta podrían, como mucho, hacer algún chascarrillo al respecto. Me gustó especialmente uno, en referencia a la desvinculación de los asuntos económicos como director de campaña. Nuestro presidente afirmaba con rotundidad que solo se ocupaba de los asuntos políticos. Suficiente argumento para que uno de los oyentes lo relacionara con aquello que dijo la Infanta Cristina sobre que “ella solo se ocupaba de los niños”. Pues eso, Rajoy solo se ocupaba de los niños, de la propaganda política que todos consumimos diariamente. Será por ello que algún medio de comunicación que financiamos entre todos se dedicara a contarnos como se hacía una estupenda besamel. En mi bar no tuvo suerte, ya sabían de hace mucho tiempo la receta. Y así terminó, con la “normalidad democrática”, el paso por el juzgado. Poquito más que comentar. Cada uno se terminó su consumición y a seguir con las obligaciones laborales. Eso sí que es normalidad diaria, no la que nos intentan vender todos los días. Ni tampoco es normal que llevemos demasiados años viendo el deterioro de la credibilidad de los políticos ni que nos cuenten las maravillas de las cifras de la recuperación. Cada cual que piense lo que crea mejor. Siempre podremos satirizar con tanto exceso pedante de erudición y pronosticar como hizo John Arbuthnot en su club Sriblerus hace ya casi tres siglos, “Todos los partidos mueren al final, de tragar sus propias mentiras”… Cómo pasa el tiempo, caray…..


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