Niños sin llave

Se les conoce como los niños de la llave, porque sus padres o tutores no han tenido más remedio que darles las de casa para que puedan retornar solos y esperarles mientras ellos siguen trabajando. Según la oenegé Educo, son 580.000 los niños españoles de entre seis y trece años que se quedan toda la tarde solos en casa durante las vacaciones de verano.

 Pertenecen a ese 15% de la población activa que son los trabajadores pobres, cuyas largas jornadas no les reportan ingresos suficientes. El problema se da todo el año, pero se agudiza en verano, cuando no hay colegio ni funciona el comedor escolar y no hay dinero para pagar a cuidadores ni para que asistan a campamentos, ni red familiar a mano para que colabore en el cuidado.
Es otra de las consecuencias de la forma de afrontar y superar la larga crisis. Aunque la situación mejora, sobre todo para algunos, no solo seguimos estando por encima de la media de la OCDE en pobreza infantil, sino que, como pone de relieve un reciente informe de Unicef, España está mostrando una capacidad muy limitada para reducirla a través de transferencias sociales.
La llave que abre la puerta de la vivienda de estos niños cierra para ellos oportunidades para formarse y desarrollarse de forma adecuada. Son personas a las que se les niega la llave para un futuro digno.

Esos cientos de miles de niños son una muestra más de la urgencia de afrontar políticas que tiendan a corregir la brecha de la desigualdad, que no ha dejado de crecer en los años de la crisis y que hace que lograr uno de esos millones de empleos de que presume el Gobierno no sea garantía ni para salir de la pobreza ni para garantizar una vida y un futuro dignos.

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