Wikileaks pone al descubierto el espionaje internacional de la CÍA

 

Wikileaks publicó ayer miles de documentos, que atribuye a la CIA, que detallan un programa encubierto de ataques cibernéticos. El portal, fundado por Julian Assange, aseguró que se trata de “la mayor filtración de datos de inteligencia de la historia”. Assange, refugiado en la embajada de Ecuador en Londres desde 2012, dijo que la filtración es “excepcional desde una perspectiva legal, política y forense”. Denunció, además, que “hay un gran riesgo de proliferación en el desarrollo de armas cibernéticas”, que resulta de la incapacidad de las agencias de seguridad para controlarlas una vez las han creado y su “alto valor de mercado”.

El primer bloque de esta filtración, denominada Año Cero, comprende 8.761 documentos procedentes de la sede central de la CIA, en Langley (Virginia). Según Wikileaks, la CIA “perdió recientemente el control de la mayoría de su arsenal de ciberataque, incluyendo malware, virus, troyanos, sistemas de control remoto y documentación asociada”. Entre las prácticas que habrían quedado expuestas figura el espionaje de teléfonos, ordenadores y televisores inteligentes. En concreto, Wikileaks cita el iPhone de Apple, el Android de Google, Windows de Microsoft y televisiones Samsung, que pueden transformarse en “micrófonos encubiertos” a través de los cuales espiar a sus usuarios.

El archivo con los documentos habría “circulado” entre antiguos hackers y trabajadores del Gobierno “de una manera no autorizada”. Wikileaks señala que la CIA ha ido aumentando sus capacidades en la lucha cibernética hasta rivalizar, “con incluso menos transparencia” con la NSA, la otra agencia de seguridad estadounidense. El portal revela también que, además de su centro en Langley, la CIA utiliza el consulado de EEUU en Fráncfort “como una base encubierta para sus hackers en Europa, Oriente Medio y África”.

Además, Wikileaks dice que, al difundir toda esta documentación, ha tomado cuidado de no distribuir “armas cibernéticas cargadas” hasta que “emerja un consenso sobre la naturaleza política y técnica del programa de la CIA y de cómo tales ‘armas’ deben ser analizadas, desactivadas y publicadas”.


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