Los sindicatos en caída libre


Hace mucho tiempo que pienso lo mismo de los sindicatos. Para mí, son colectivos que se han quedado anclados en el siglo pasado. Que se mantienen económicamente gracias a los dineros que proceden de la Administración –entiéndase subvenciones o cursos de formación– y que no cumplen con su función principal que es la defensa de los trabajadores.

Por estos y otros motivos que desgranaré en las próximas líneas he titulado mi artículo semanal con esa explícita referencia a una caída libre.

Los actuales sindicatos pierden fuerza y representatividad de forma alarmante. Sus negociaciones suelen terminar en un punto muerto del que les cuesta mucho trabajo salir. La amenaza de huelga general ya no es lo que era.

Ahora suelen pasar con más pena que gloria y con demasiados piquetes informativos obligando a que se sumen a la jornada personas que no están por esa labor reivindicativa colectiva.

Como periodista siempre soñé con disponer de un sindicato fuerte que nos defendiese en esos momentos tan difíciles por lo que pasó nuestra profesión. Todo en vano. Hubo algún intento, pero siempre desgajado de los sindicatos mayoritarios a nivel nacional o autonómico. Fue siempre un querer y no poder.

A los líderes sindicales nunca les interesó controlar un sector como el de los medios de comunicación. Medios de comunicación en los que muchos de ellos trabajaron o lo siguen haciendo después de dejar sus cargos. Lo que existe actualmente es un grupo de periodistas o pseudoperiodistas –durante mucho tiempo se nos integró con las artes gráficas– que hacen comunicados, pero que son incapaces de defender a los compañeros que llevan meses sin cobrar sus nóminas, o de convocar una huelga general en el sector por cuestiones de defensa de la identidad y el trabajo de los profesionales de la información, ante las presiones de editores y propietarios de medios.

De seguir como hasta ahora los sindicatos deberían reconducir su forma de actuar y trabajar. Y para ello es necesario soltar amarras y cortar cordones umbilicales que les unen a los dineros públicos, que les otorgan demasiado poder y un número ingente e incontrolable de liberados sindicales que cuestan demasiado caros a las arcas que llenamos todos con nuestros impuestos. Los sindicatos del siglo XXI deben de realizar su trabajo en base a las aportaciones económicas de sus afiliados. Veríamos así cuantos sindicatos podrían seguir caminando por el mundo de las negociaciones colectivas.

Falta poco para el día 1 de mayo. La gran fiesta callejera y reivindicativa de los sindicatos. Esperemos que este año sean más los que salgan a la calle. En las últimas ediciones ni lo liberados sindicales se sumaron a las convocatorias. Ver para creer…

 

 


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