Dinero a raudales

Con el menosprecio rayano en el desaire que exhibe en sus relaciones con el Partido Popular, Albert Rivera preguntaba el otro día a Mariano Rajoy en el Congreso sobre las intenciones del Gobierno en relación con el llamado corredor mediterráneo. Quería saber si tenía pensando habilitar alguna partida al efecto en los presupuestos generales.

Se trata, como se sabe, de una actuación que conectaría todo el arco mediterráneo desde Algeciras hasta la frontera francesa con un sistema ferroviario de altas prestaciones que permita un flujo de pasajeros y sobre todo de mercancías que no se tope con cuellos de botella cada pocos kilómetros.

Sería un gran pasillo circular llamado a unir puertos con trenes para dar la mejor salida a las producciones de unas zonas –Cataluña, Valencia, Murcia- que concentran el 50 por ciento del PIB nacional. Una obra, en definitiva, necesaria y urgente que lleva años malandando a pesar de haber sido declarada por la UE como prioritaria dentro de la red básica transeuropea.

En su respuesta a Rivera el presidente del Gobierno no fue muy explícito, pero sí adelantó que la inversión estaría en la línea “de lo que hemos hecho en los últimos años”. Habrá que recordar que el corredor fue en 2016 el proyecto que tuvo mayor financiación estatal (1.343 millones de euros), más que toda la inversión en carreteras (1.174 millones).

Sea como y cuanto fuere, el Gobierno parece dispuesto a tirar de chequera. Rajoy anda estos días por Cataluña con un paquete de inversiones en infraestructuras para ver si neutraliza en lo que pueda no ya el independentismo gobernante –eso no tiene mucho remedio-, sino la percepción de injusticia y desfavor en el trato que se habría generalizado en buena parte de la sociedad de aquella comunidad.

Pero no es sólo Cataluña la que pide. Andalucía y Aragón se han aliado para acelerar el corredor ferroviario central por Algeciras, Zaragoza y Tarragona pasando –esta vez, sí- por Madrid. El País Vasco ya tiene el compromiso de Fomento para impulsar la confluencia de los trazados del AVE procedentes de las tres capitales y soterrar el acceso a las mismas. Y Canarias dará sus votos a los presupuestos a cambio de un pacto económico para las islas.

Al tiempo, el Gobierno promete a la ciudadanía recuperar empleo público y gasto en servicios esenciales, hacer fijos a los interinos, subir el sueldo a los funcionarios, incrementar la aportación a la defensa atlántica y rebajar el iva cultural, entre otras muchas ofertas típicas de tiempos preelectorales. ¿Será que estamos en ellos?

En definitiva, dinero a raudales, aprovechando que después de años de estrecheces presupuestarias ahora habría más margen. ¿Pero dará para tanto? No es de olvidar que habrá que seguir pagando la enorme deuda pública acumulada. Porque aunque pudieran haber desaparecido las causas que la generaron, sus efectos continúan.

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