Mª Dolores de Cospedal

No sé si se trata de virtud o de vicio. Pero dejémoslo en habilidad. Es la que tiene Feijoo cuando pretendiendo ponerse de perfil ante una controversia o pregunta incómoda, siempre deja algún resquicio por donde vislumbrar su criterio al respecto. Luego ya, a toro pasado, titubea menos y se explicita más y mejor.

Fue lo sucedido cuando en vísperas del reciente congreso del partido los medios le preguntaron su parecer sobre la continuidad o no de María Dolores de Cospedal como secretario general del PP.  “Lo que deseo es que Rajoy acierte”, se limitó a decir presidente del PPdeG y de la Xunta. De lo cual cupo  deducir que no estaba por la labor porque, de otra manera, hubiese aprovechado la ocasión para echar su cuarto a espadas en favor de la ex presidenta de Castilla-La Mancha y hoy ministra de Defensa.

Más tarde, como digo, Feijoo se ha mostrado contrario sin vacilaciones a la acumulación de cargos basándose en la dedicación que el ser número dos de un partido requiere, aunque él sí tuvo aquí a un secretario general que al tiempo ocupaba altas responsabilidades en San Ceatano. La verdad es también que más recientemente Feijoo volvía sobre sus pasos y apostaba por dejar a una persona dedicada en exclusiva al partido, como ahora sucede.

Así las cosas, no parece en principio mala solución la que Rajoy ha dado a la disputa: se le mantiene en el cargo, pero se le libera del día a día. Cospedal de alguna manera –creo- se lo merecía: ha sido leal al presidente del partido y del Gobierno en la salud y la enfermedad; ha peleado con éxito por sacar de Génova los vestigios de corrupción que quedaban y que tenían en Bárcenas al peor exponente, y fue valiente –y creo que sincera- al dar la vuelta total de tuerca en contrario al enquistado conflicto del Yak 42.

Abogada del Estado por oposición, su paso desde 1992 por muy distintas instancias de la Administración pública ha sido siempre profesionalmente solvente. Antes que ella, además, ministros como Alvarez Cascos o Javier Arenas compaginaron cargos en el Gobierno y en el partido. Y la compatibilidad funcionó.

Acosada como está desde hace tiempo por la izquierda política y mediática y en medio de los inevitables y  no pequeños forcejeos dentro del partido, el no haberla confirmado en la secretaría general hubiera sido una especie de moción de censura, salida además de las altas instancias  de su propio partido. Algo así como  dejarla a los pies de los caballos y el comienzo del fin de su carrera política.

No habrá que olvidar que María Dolores de Cospedal muy bien podría optar a una segunda oportunidad como presidenta de Castilla-La Mancha en las autonómicas de dentro de un par de años. Y haberla defenestrado ahora malamente hubiese sostenido, por mucha explicación que se quisiera dar,  tal eventual futuro calendario. En todo caso, cuando se busca con tanta vehemencia una cabeza política, no entregarla es lo mejor que puede hacerse.

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