Pedro y el sentido común

No, no voy a hablarles de “Pedro y el lobo”, aunque la fábula vendría al pelo para recordársela al último secretario general defenestrado del PSOE. Pedro Sánchez viene amagando con presentarse a unas segundas primarias desde que tomó la arriesgada decisión de renunciar a su acta en el Parlamento, hacer mutis por el foro y llevar el coche al mecánico para salir de turné electoral.

No han debido de ponerle el auto a punto porque el bueno de Pedro, que muchos vimos como lanzadera de la renovación sin perder de vista a la tradición, anda, como el general de García Márquez, perdido en su laberinto. Mientras, otros han tomado la delantera y Patxi López ha sido el primero en  echarse la mochila al hombro y, ya con fecha en el calendario, se ha puesto en camino. Unos dicen que para cortarle el paso a Pedro, otros que tiene un pacto con Susana y algunos que lo suyo es centrar hacia la izquierda al partido, recuperar el discurso y la credibilidad, levantar un banderín de enganche sin contrarios/as cainitas y aplicar el sentido común que, desde que Rubalcaba dejó la silla vacía, se ha ido por la taza del váter en la casa de los socialistas.

Y es precisamente el sentido común, y el conocimiento de cómo funcionan los partidos internamente, el que debiera aconsejarle a Sánchez tener paciencia y no volver a errar si algún día quiere volver a liderar su organización. Cierto que aún cuenta con un buen puñado de militancia dispuesta a respaldarlo. Pero no es menos cierto que aplicó una estrategia poco inteligente y poco pragmática en un momento convulso, cuando había que hacer de la necesidad virtud y no cerrazón. Con ese precedente ha perdido pie ante muchos militantes.

Si Pedro ha pensado alguna vez en emular a aquel Felipe González dimisionario para volver con el aplauso de la multitud, nuevamente ha errado en el cálculo y la estrategia. Además, no obstante de su amplio historial en puestos intermedios, ha desvelado desconocer los resortes internos del PSOE. Ni él tiene la fuerza demostrada entonces por Felipe ni el tiempo político resulta comparable.

La baza principal de Pedro Sánchez era la renovación. Pero ni él ni los suyos más cercanos entendieron que renovar no es partir de cero. Renovar no es levantar muros con el pasado. Sobre todo en un partido con el historial positivo del PSOE, cuyos logros, además de no reivindicarlos, en muchos caso pareció desconocerlos.

¿Quiere esto decir que Pedro Sánchez está amortizado? No, simplemente creo que debe aplicar el sentido común y sentarse a preparar un futuro no inmediato ni precipitado. Un sentido común aplicable a Patxi, a Susana y al obispo de Coria, si fuera necesario, para rescatar al principal partido de izquierdas de este país del museo de cera para llevarlo nuevamente a la realidad social de la calle. Para retornar al futuro.

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