Nuevas casillas en el IRPF

Cinco siglos de catolicismo hegemónico pesan mucho en nosotros y quien se considere libre de su influencia o miente, o no se conoce a sí mismo, o es un recién llegado a España. Una influencia que puede tener muchas valoraciones, negativas y positivas, según la perspectiva que elijamos para mirar. Lo bueno de la moral católica es tan bueno como la de cualquier otra creencia. Lo desechable, similar. Lo importante es quedarse siempre con lo positivo para convivir en harmonía porque las creencias, como las ideologías, valen en tanto que sirven en cada momento histórico de la humanidad para alcanzar objetivos saludables.

Aquí somos culturalmente católicos, aunque no seamos creyentes, y se necesitarán por lo menos otros cinco siglos para que nuestros descendientes dejen de serlo, si así lo quiere la historia. Desde la muerte de Franco, ese dictador que dormía con el brazo incorrupto de santa Teresa en la alcoba y entraba bajo palio en las catedrales, andamos con un tira y afloja de chicle para poner las religiones en el sitio de la intimidad personal que les corresponde.

Somos un Estado aconfesional -¿laico?-, hay libertad de culto y se respeta el predominio de la Iglesia Católica. Sin embargo, seguimos atados al catolicismo por lazos políticamente incómodos, como es el caso del Concordato -reformado en 1979- heredado del franquismo. La Iglesia católica goza de privilegios en la enseñanza, inadecuados para la pluralidad y generadores de agravios comparativos con otras confesiones. Además, el profesorado de religión -católica- es pagado por el Estado. La Iglesia mantiene su dictado en el calendario y en las festividades. Su organización no contribuye con el Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI) y, amén de restaurarle y protegerle el patrimonio histórico de “su” propiedad, recibe una importante cantidad de dinero del tesoro público todos los años. Por ende, su economía es absolutamente opaca.

Parte de esa subvención son unos 250 millones procedentes de la casilla del IRPF que los contribuyentes marcan con una X. Un privilegio que José Luis Rodríguez Zapatero trató de nivelar creando nuevas casillas para otras religiones, a lo que Rouco Varela se opuso hasta conseguir aparcar el proyecto en la papelera. Si el rumor fragua, ahora será Rajoy quien cree siete nuevas casillas para otras tantas religiones, las cuales recibirán el mismo 0,7 % de sus contribuyentes afines.

En esta ocasión la Conferencia Episcopal -el espíritu del Papa Francisco se siente- no se opone e incluso, aseguran los interesados, de este modo se blinda la polémica casilla madre. Puede que tengan razón porque, no obstante de la eclosión de las nuevas fuerzas en el “viejo” Parlamento, la cuestión religiosa y las relaciones con el Vaticano duermen en silencio sobre ese colchón de los quinientos años que nos precedieron.

Pero, miren por dónde, con un personaje como Francisco y gran parte de su curia bajo la cúpula de san Pedro, quizás sea este el momento de poner sobre la mesa, además de nuevas casillas en los impresos de la declaración de la renta, todas esas cuestiones que mantienen al catolicismo hispano tras el pendón de los Reyes Católicos.

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