Carta, con retraso, a los Reyes

 Queridas majestades:

Aunque en esta mañana de vuestra llegada estoy escuchando campanas gozosas por el descenso del paro y los bombos mutuos con los que el Gobierno saluda esas cifras más filosóficas que matemáticas, os escribo porque la magia parece el principal rasgo presente con visos de futuro.

Cuando todo se hunde, a los humanos siempre nos queda la magia. En el pasado las religiones y el esoterismo fueron el sustento de la esperanza, ahora las pantallas del cine y la televisión y los libros infantiles, juveniles y adultos están plagados de seres mágicos extraordinarios que evolucionan según las necesidades del guion industrial. Frente a la crisis económica mundial, el terrorismo de algunos Estados contra los ciudadanos libres, la eclosión de nuevos signos de incultura y otros males del presente, la magia vuelve a ser el agarradero de la sociedad para no temer al futuro.

Ayer mi sobrino de tres años durante la comida se le ocurrió decir que “el agua evoluciona a gaseosa”. Es la mejor definición que he escuchado para aplicarla a la evolución social actual. El manantial de bienestar, de cultura, de solidaridad universal, de trabajo bien remunerado, de igualdad entre las gentes y los pueblos, el final de las guerras…, conseguidos en las últimas décadas, se han vuelto gaseosos, inaprensibles. Sin embargo el niño, como miles de adultos, disfruta con los Pokemon, símbolos absolutos de nuestra evolución comercialmente mágica.

Por ello, queridos Reyes Magos, recurro hoy a vuestra magia milenaria pidiendo recuperar la ilusión colectiva perdida. Una ilusión que no se traduzca en cifras, escalas, estadísticas, baremos, subidas y bajadas de las bolsas… Este deseo se complementa con la necesidad de que quienes nos representan y gobiernan pierdan el pelo de la dehesa y retorne a los centros de decisión el sentido histórico que debe regir los pasos de una humanidad culta. Que la mediocridad, los egoísmos personales, la codicia y la estulticia desaparezcan de las listas electorales. Que las utopías sustituyan a los programas partidistas fabricados con base en los sondeos de opinión y en el oportunismo de cada instante.

Daos cuenta, queridas majestades, que estamos llegando a ese punto de retroceso en que pronto echaremos de menos un nuevo despotismo ilustrado, capaz de cerrar el paso al autoritarismo fascista. Ese que amenaza en el horizonte de una alianza Trump-Putin, augurado por el crecimiento de los populismos peronistas, por el triunfo del racismo y por la lucha de religiones medievales contra la civilización moderna.

Aceptar esta situación es una gran derrota social. Quizás por no hacerlo es por lo que el conformismo se está extendiendo como una gran mancha viscosa anulando voluntades. Despertarlas también, majestades. La desidia siempre produce inmovilismo y alegría cuando nos mienten con las cifras del paro o la subida de la vivienda o el incremento de las pensiones…

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