¿Será Noruega el modelo del Reino Unido?

El Reino Unido saldrá formalmente de la Unión Europea con el apoyo del 52% de sus votantes. ¿Pero saldrá realmente? ¿O se quedará en una posición como la de Noruega, que comparte muchas de las políticas comunes sin participar en su elaboración al no pertenecer a la UE? En su primera reacción tras el Brexit, Londres quiere frenar la libre circulación de personas y mantener a la vez el acceso al mercado único, a lo que en buena lógica se opone Bruselas. Pero todo parece indicar que quedan muchas cosas por negociarse. También, mucho tiempo por delante: al menos dos años.

De entrada, en la UE no todos los estados son iguales, ya que no todos comparten los mismos compromisos. Digamos que hay al menos tres niveles: un mercado único europeo, una cierta unión jurídica y una unión monetaria.

En el primer nivel hay un mercado único europeo que permite la libre circulación de productos, servicios, capitales y personas entre los veintiocho países miembros (Alemania, Austria, Bélgica, Bulgaria, Croacia, Chipre, República Checa, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, España, Estonia, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Irlanda, Italia, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Malta, Países Bajos, Polonia, Portugal, Reino Unido, Rumanía y Suecia), lo cual beneficia, obviamente, a los países más competitivos, empezando por Alemania.

La relativa unión jurídica, derivada del Tratado de Maastricht, compromete a los países de la Unión Europea a unas políticas de justicia, interior, exterior y de seguridad comunes. Pero como se ve con la política aplicada a los refugiados e inmigrantes, las diferencias y contradicciones son notables.

Y, por último, está la unión monetaria, que supone una moneda y política monetaria comunes, para los diecinueve países que conforman la eurozona: todos los anteriores menos estos nueve: Bulgaria, Croacia, República Checa, Dinamarca, Eslovaquia, Polonia, Reino Unido, Rumanía y Suecia. Salvo Dinamarca y Reino Unido está previsto que todos accedan al euro, cuando su economía se lo permita.

Reino Unido, por tanto, ya estaba a medias en la UE, sin perspectivas de integrarse a fondo. Su llamado Brexit puede ser todo lo traumático que se quiera, pero no equivale a que se vayan países como Francia o Italia y no digamos Alemania. Lo más probable es que su desconexión sea más formal que real. Reino Unido siempre ha sido reticente a los avances integradores de la UE, ya que lo que quiere es una zona de libre cambio pero no instituciones comunes.

¿Qué sería lo realmente grave? El economista Marcelino F. Mallo señala al menos estas tres cosas: reimplantar aranceles entre el Reino Unido y los países de la UE, impedir los flujos de capital entre la City y el resto de plazas financieras de Europa, y limitar la circulación de ciudadanos británicos hacia el continente, y viceversa. Más probable parece que el Reino Unido, al igual que Noruega, se quede en el Espacio Económico Europeo y en Schengen, con una contribución al presupuesto comunitario. Londres asumiría así la mayoría de las políticas comunes sin influir en la toma de decisiones de Bruselas.

Según el expresidente Felipe González, hoy, «más que nunca», Europa necesita «políticas socialdemócratas que sean alternativa real a las políticas neoconservadoras y a los populismos nacionalistas».  En palabras del ministro de Exteriores alemán, Frank-Walter Steinmeier, lo que toca es no caer ni en «la histeria» ni en una «depresión o inacción».

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