Y Abel salió al camino

 

LA marcha de Besteiro ha dejado al PSdeG huérfano de cartel electoral. Una situación inédita que brinda a los socialistas la oportunidad de generar una transformación real en los mecanismos internos de un partido que, desde la caída de Fernando González Laxe, ha venido fagocitando a sus líderes con la misma constancia que Saturno devoraba a sus hijos. El propio Abel Caballero, que oportunamente se ha echado al camino para crear puentes, suturar rupturas y poner orden, fue uno de ellos.

En el socialismo gallego falta diálogo y sobran rencores. Faltan proyectos y sobran ocurrencias. Falta generosidad y sobran estrategias personalistas para ganar dentro cuanto pierden fuera. Hay militantes con capacidad de liderazgo y no sobra nadie, aunque algunos grupúsculos deban abandonar su estéril inmovilismo para dejar paso a la más amplia participación posible, en beneficio de la colectividad.
La decadencia del socialismo gallego no se ha manifestado únicamente en la pérdida de poder administrativo y votos, se manifiesta diáfanamente en la incapacidad para influir en la sociedad y convencer de su competencia para ser la fuerza hegemónica. La constante certidumbre de sentirse segundos en Galicia va camino de relegarlos a terceros. Ya sucedió antes.

La salida de Abel en este año de Cervantes ha sido recibida en muchos sectores de izquierdas como el bálsamo de fierabrás. Sin embargo también ha puesto en guardia y posición de ataque al cura y al barbero. Desde Ferraz no han tardado un soplo en oponerse al proyecto en aras de una dedocrática gestora, transmisora de una imagen de numantinismo gemelo del que produjo en Compostela las catástrofes de las elecciones municipales y generales últimas. Ferraz se equivoca. La gestora designada –sin que el esfuerzo de sus componentes desmerezca respeto–, encarna los oxidados mecanismos de un aparato necesitado de una profunda reparación. Los encarna y los engrasa.

En esta encrucijada, el socialismo gallego necesita de un liderazgo interno fuerte, con una base de poder ciudadano contrastada y otorgada en las urnas. En esta situación el alcalde de Vigo y presidente de la FEM tiene los principales avales. Pero no es el único. La presidenta de la Diputación de Pontevedra, los presidentes de las de A Coruña y Lugo, y la alcaldesa lucense también son voces que deben ejercer su poder político para aunar criterios y fuerzas. Para abandonar la mentira “de hablar de regeneración cuando nadie piensa en serio en regenerarse a sí mismo” (Unamuno dixit).
Esta primera salida de Abel de su paraíso territorial también ha generado interrogantes. Para no errar ni confundir molinos con gigantes, Caballero debería explicar si aspira a la secretaría general del PSdeG, si propondrá candidato/a para la foto del cartel, si el rumor de una posible bicefalia transitoria es cierta y posible… Con las respuestas contundentes y transparentes, las sobras y las faltas que amalgaman a su partido, la recuperación de descontentos y una buena armazón ideológica, dispondrá de los ingredientes adecuados para afrontar el cambio que Galicia necesita. La marmita de la fuerza ya la tiene puesta al fuego.

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