Aparcados en Turquía

«Exportaban armas y les llegaban refugiados», dice El Roto en una viñeta muy expresiva. De Siria -y de Irak, Afganistán, de Mali y de toda África- llegan los miles de refugiados que sortean alambradas, cruzan fronteras y caminan cientos de kilómetros hacia Europa huyendo de la tiranía, de la persecución y del hambre, pensando que «si morimos no perdemos nada, en Siria no hay vida» .

En abril del año pasado naufragó en el canal de Sicilia un pesquero de 30 metros de eslora con cientos de inmigrantes que perdieron la vida en aquellas aguas del Mare Nostrum. Bajo la impresión de la catástrofe, los dirigentes europeos reunidos de urgencia acordaron un mayor control de las mafias, más cooperación con los países de origen de los inmigrantes -Libia, Irak, Somalia, Afganistán que Europa contribuyó a destruir y en los que ahora no hay con quien hablar-, y apelaron a la solidaridad de los países miembros para acoger a más refugiados. Generalidades en estado puro.

En setiembre, la muerte del pequeño Aylan Kurdi en la playa turca de Bodrun consiguió sensibilizar a algunos dirigentes políticos europeos que tenían cerradas parcialmente las fronteras de sus países. Después de ver aquella imagen -y el entusiasmo indescriptible de Alemania- se mostraron dispuestos a acoger a más fugitivos políticos.

Fue un espejismo. Europa, falta de ideas para atajar la crisis de refugiados, sigue ahora igual de impotente y más dividida, renuncia a sus principios, cierra fronteras y acuerda la devolución en caliente de los inmigrantes -por motivos económicos y exiliados políticos- a Turquía a la que convierte en guardiana de los que huyen de las guerras, de la persecución y del hambre. A cambio da a este país suculentas contrapartidas económicas -Europa lo arregla todo con dinero- y le abre el camino de la integración sin importarle que Turquía se aleje cada día más de los valores democráticos que defiende la propia Unión Europea.

Una vergüenza. La vieja Europa, que encarnó el proyecto más imaginativo e innovador de la geopolítica mundial, contraviene los tratados internacionales y sus propios principios, mira para otro lado y paga para no ver lo que ocurre en su patio trasero. Es una forma de tranquilizar su conciencia política. Momentáneamente, porque los refugiados seguirán llegando ya que nadie, ni Europa, tiene potencial para contener a los hambrientos y perseguidos mientras no se ocupe de las causas que les obligan a huir.

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