A partir de hoy

En reciente entrevista televisiva lamentaba el presidente Feijoo que en el ámbito político muchas cosas no fueran lógicas. Tal vez la opinión pública mejor informada esté curada de espanto al respecto y no se escandalice demasiado por ello. Pero, en aras de esa falta de lógica, me imagino el asombro de otros ámbitos ciudadanos cuando comprueben cómo a partir de hoy retoman sus contactos esas mismas formaciones que tan duramente se descalificaron y que han aparecido como irreconciliables en ambas sesiones de la fracasada investidura de Pedro Sánchez.

En cualquier ámbito normal de relaciones tanta hostilidad cruzada hubiera dado lugar a una ruptura irreversible, pero con el poder por medio no existen incompatibilidades definitivas. Dos meses son una eternidad en política. Ese es el plazo que tienen los partidos para olvidar agravios antes de que suene la irretrasable campana de la convocatoria electoral. Y en dos meses pueden pasar muchas cosas.
Habrá que ver en qué pueda terminar todo esto. Si la lógica prevaleciera, el recuerdo de la cal viva y del terrorismo de Estado que hizo Pablo Iglesias hubiese arruinado cualquier relación de Podemos con el Partido Socialista. Debería haber sucedido algo similar a lo que en las relaciones exteriores significa la retirada de embajadores. A pesar de todo, cuesta creer que la izquierda desperdicie la ocasión de hacerse con el poder, aunque luego la estabilidad del Gobierno fuera poco menos que imposible.

Lo que sí parece cierto es que una segunda vuelta entre las dos o tres opciones con mayor número de votos en la primera habría terminado hace tiempo con este largo, incierto y rocambolesco viaje en que nos encontramos. Si una vez más prevaleciera la lógica, así debería ser.

Como se recordará, a toro pasado y ya en vísperas de concluir la legislatura, el Partido Popular amagó con una reforma de la ley electoral para que, en determinadas circunstancias, gobernara le lista más votada. Pero sólo en las municipales. Hacer lo propio para unas elecciones generales requeriría –dicen los expertos- una reforma de la Constitución y no sólo de la ley electoral.

Sucede, además, que a bisagras multiusos e izquierda en general no les interesa retocar nada en este aspecto porque los pactos poselectorales han sido el gran boquete por donde, en detrimento de la derecha, ellas se han colado en gobiernos autonómicos y locales tras haber perdido la elección correspondiente.
Por supuesto, nada al respecto se contempla en el pacto PSOE/Ciudadanos. Buscando otras ventajas, ambos pretenden revisar las bases del sistema electoral, concretarlas después en la ley electoral general, de carácter orgánico, y petrificar lo acordado con la exigencia de una mayoría cualificada para una eventual modificación posterior. Por lo que se ve, el poder es demasiado importante como para no amarrarlo y dejar que decidan los ciudadanos.

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