Diplomacia económica

En las ventanillas de los trenes que yo conocí de pequeño había unos letreros que decían «es peligroso asomarse al exterior», un aviso que parecen tener presente los gobiernos de España, sobre todo este y el anterior, que apenas salieron fuera y cuando lo hicieron fue con poco éxito en la política exterior.Pero mientras nuestros gobernantes viven recluidos en los vagones del tren político nacional, «el mundo gira en el espacio sin fin», como cantaba Jimmi Fontana, y los países de nuestro entorno se dedican a establecer un haz de relacionas que los sitúan en buenas plataformas políticas y económicas. Por poner solo dos ejemplos, en lo que llevamos de año Italia y Francia recibieron al presidente de Irán con el que firmaron suculentos contratos para el desarrollo de este país de 80 millones de consumidores.La ‘diplomacia económica’ de ambos países tiene más tentáculos. El presidente francés puso ‘alfombra roja’ para recibir a Raúl Castro que eligió París en su visita de Estado a un país europeo y el primer ministro italiano viajó a Buenos Aires para arropar al presidente Macri en la nueva era de la política argentina.Por razones económico-comerciales y por vínculos históricos y lazos familiares, España debería estar al frente del acercamiento cubano a Europa y tenía que estar presente en la nueva Argentina, el país austral donde operan grandes empresas españolas. Pero el gobierno lleva más de dos meses en funciones, está paralizado, atiende poco los problemas internos y no puede ‘asomarse al exterior’, como tampoco el Rey, que tuvo que suspender viajes de estado a Arabia e Inglaterra.Hay que señalar que esta ‘alergia’ a salir fuera y la consiguiente pérdida de peso político y económico y de relevancia social vienen de lejos. Hace años que ni salimos, ni nos visitan figuras de primer nivel -Obama estuvo 18 veces en Europa, ninguna en Madrid- y la presencia exterior de España se limita a misiones humanitarias y a la asistencia de los presidentes a las cumbres europeas, casi siempre de oyentes.

«Desgraciadamente, pasamos demasiado tiempo mirándonos al ombligo y poco haciendo esfuerzos para estar en el resto del mundo y demostrar la gran calidad de nuestros productos», dice el empresario Pablo Álvarez Mezquíriz, Consejero Delegado de Vega Sicilia. Una pena, porque en un mundo globalizado asomarse al exterior no es peligroso, sino que prestigia al país y abre oportunidades de negocio a las empresas.

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