Reuniones de amigos

Alardea el portavoz socialista Antonio Hernando de que en estos días de contactos para la eventual investidura y posterior formación de Gobierno Pedro Sánchez se ha reunido con más grupos sociales que Mariano Rajoy a lo largo y ancho de la pasada legislatura. Una frivolidad, por supuesto, que no se ajusta para nada a la realidad, pero que crea imagen y hace fortuna en ambientes proclives.

Lo que no cuentan ni el entorno del secretario general socialista ni él mismo es que buena parte de tales encuentros se producen con los próximos e ideológicamente afines. En realidad, lo que Pedro Sánchez está haciendo es campaña electoral. Toda una sobreactuación, con profusión de imágenes y ruedas de prensa, impropia de quien hoy por hoy no es más que un candidato.

En la televisión pública de cobertura estatal se ha reunido, por ejemplo, con el Consejo de Informativos, que pasa por ser el “soviet” de control y denuncia que la izquierda tiene en Prado del Rey. Y hace un par de semanas ha hecho lo propio con parte de la comunidad educativa para transmitirles, entre otras, la idea de que es urgente un parón de la LOMCE a fin de evitar “medidas nocivas (¡!) como la evaluación de 6º de Primaria” .

Quizás por eso de las proximidades ideológicas, la enseñanza concertada no fue convocada a la reunión. Ni patronales, ni sindicatos, ni apas representativos del sector. Un tercio de la comunidad escolar. Para varios de ellos, intentar construir el futuro de la educación en nuestro país dejando fuera a parte de la comunidad educativa es un “error imperdonable”, una “actuación sectaria” y una “gran irresponsabilidad”. Y no les falta razón.
No se sabe mucho en qué quedará el entendimiento entre PSOE y Podemos, si es que llega. Pero Educación es una de las carteras que Pablo Iglesias reclama para su formación política. Pincha en hueso, me temo. Porque el Partido Socialista no dejará nunca la enseñanza en manos de terceros. Es ámbito clave para modelar a su modo la sociedad.

Donde parece que van levantando un poco el pie del acelerador es en la derogación de la LOMCE, que tantas veces el propio Sánchez ha prometido. Y no porque antes o después no se pongan a ello, sino porque no es tan fácil llevarla a cabo. Como con la reforma laboral.

En primer lugar porque de ella han emanado ya toda una nueva ordenación curricular, a su vez desarrollada por las comunidades autónomas, nuevas especialidades docentes en Secundaria y un nuevo sistema de evaluación externa en cada etapa. Y todo ello está en marcha. Liquidar sin más la ley condenaría, por ejemplo, al limbo a los 68.000 estudiantes que cursan la FP básica, creada ex novo.

Parece, por otra parte, que van dándose cuenta que para evitar vacíos normativos sería necesaria otra ley, fruto de un acuerdo previo político y social; de ese invocado pacto educativo que sería largo en su gestación porque las posiciones de partida de las distintas formaciones políticas son legítimas, pero no pequeñas.

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