En el caso de Rita Maestre

En el caso de que Rita Maestre, portavoz del Ayuntamiento de Madrid, fuera condenada por el delito contra el sentimiento religioso, jamás debería dimitir de su cargo. El anacronismo a que hace referencia esa infracción, vigente en un código penal moderno, requiere de una urgente revisión y anulación fulminante. Además de insultante para el raciocinio democrático resulta ser el evidente residuo de una viaja sociedad teocrática protectora de las intransigencias e impulsora de integrismos religiosos.

Con este argumento ni acepto ni defiendo la acción estudiantil de invadir y reventar el acto religioso, con o sin pechos al descubierto. Comparto la idea del laicismo de la universidad y también en todos los tramos de la educación pública. Comparto la inoportunidad de mantener capillas religiosas en los campus y hospitales financiados por el erario público, y de la desigualdad que fomentan en relación con otras creencias. Comparto igualmente la manifestación pública contra este estado añejo de costumbres, pero dentro de los cauces que no vulneren la libertad de pensamiento y culto de otros. Por tanto, deberíamos estar dispuestos a aceptar un simple juicio de faltas contra Rita Maestre por una acción de desorden público. Nada más.

De ahí que la defensa de la portavoz, a la que además juzgan por una acción estudiantil de hace cinco años, me haya parecido errónea de la cruz a la raya. En primer lugar debió rechazar la idoneidad del delito por el que se tipifica su acción de protesta. En segundo lugar, no resulta aceptable ideológicamente su petición de disculpas por mor de su situación institucional actual. En tercero, no debió de negar ni los hechos ni las consignas pues, con esa revisión del pasado, descalifica su actuación política presente. En cuarto lugar, tampoco debió caer en la trampa de calificar de oportuno o inoportuno el desnudo de su torso, base de la presunta ofensa infligida a los congregados en la capilla.

Podría seguir argumentando sobre más errores de la encausada que, en definitiva, solo conducen a un pensamiento terrible. A la idea del miedo de la libertad frente a las cadenas. Y esta es la base de la preocupación que debemos sentir los demócratas ante situaciones de opresión por razón de las ideas, de las que estos días hemos visto la desmesura judicial con la que fueron tratados unos titiriteros en Madrid, o el escándalo generado alrededor de Dolors Miquel al recitar un poema contra la Iglesia en la entrega de los Premios Ciudad de Barcelona, entre otros repuntes de falta de tolerancia.

No comparto el mal gusto del poema ni el desafortunado argumento de la obrilla de títeres, pero rasgarse las vestiduras y entablar juicios de Dios solo fomenta la radicalización de quienes provocan. Estas situaciones, como la manifestación universitaria de Rita Mestre, deben enjuiciarse desde la perspectiva de la tolerancia, de la libertad y de la búsqueda del equilibrio legislativo al margen de creencias religiosas y códigos éticos políticos. Lo contrario es volver al pasado, la cachiporra y las cadenas.

Es necesarios estar conectado para escribir un comentario Conectar