Va para largo

Puede que Patxi López no anduviera muy descaminado cuando a raíz de su segunda visita a Felipe VI dejó caer que la nueva ronda de contactos con los representantes de los grupos políticos llevaría “un tiempo y unos días”. Porque es de suponer que el jefe del Estado habrá tomado nota de lo sucedido en la primera vuelta cuando bien sabía que Rajoy no contaba con los apoyos parlamentarios precisos y, aun así, le propuso que formara gobierno.
Y es de suponer también, por tanto, que el rey no se exponga a otra negativa y que no haga una nueva oferta formal sin que antes el eventual aspirante no le haya dejado claro que quiere y puede. Tal vez por eso no sería extraño se tome un tiempo hasta que le lleguen tales garantías, habida cuenta de que no tiene plazos que le urjan.

Tampoco existe tiempo señalado para la celebración de la sesión de investidura, decisión que ya no depende de él. Si todo en las nuevas circunstancias se produce con una cierta lógica, lo esperable es que, cuando lo crea oportuno, el jefe del Estado proponga la formación del Gobierno a Pedro Sánchez. Para cuando ello llegue, el secretario general socialista deberá tener más o menos comprometidos apoyos y/o abstenciones.

Otra cosa es la formalización de los pactos en cuestión para sacar adelante la investidura. Y esto es lo que puede alargar de verdad el proceso, sean quienes sean los interlocutores que al final se sienten a la mesa. En primer lugar, porque serán muchas y no menores las cosas que unos y otros pretendan dejar amarradas. Y en segundo término, porque se estará partiendo de posiciones ideológicas muy distantes. Unos pactos, además, que habrá que plasmar por escrito y que más de uno querrá consultar con sus respectivas bases.

Plazo no hay para ello. Pero soy de los que piensan que el tiempo no debe preocupar en exceso mientras el acuerdo que se esté modelando se vislumbre sólido y razonable y los interlocutores parezcan serios y centrados. Si no recuerdo mal, tres meses mediaron entre la celebración de las elecciones federales de 2013 en Alemania y la firma del acuerdo de gran coalición entre la ganadora CDU/CSU de Angela Merkel y los socialdemócratas del SPD.

Un acuerdo en cuya negociación participaron unas trescientas personas y que quedó estampado en un texto de 185 páginas. Y el país no se inquietó por que así fuera, sino todo lo contrario. Le hubiera desazonado más la falta de garantías de estabilidad. El SPD, por su parte, lo sometió a consulta de sus casi 500.000 militantes. Y dicho sea de paso: si, como ha prometido, aquí lo llega a hacer Pedro Sánchez en algún momento, tal refrendo tendrá mucho más de maniobra interna que de novedad.

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